Miami tiene
todo, bueno, casi todo lo que tienen las ciudades importantes. Si algo le
faltaba es el fútbol y eso parece que vino ayer en paquetito y con moñito de
regalo de Navidad. La noticia más optimista del año para la expansión de la
ciudad a otro nivel, la dio el Concejo de Miami-Dade al votar a favor de
iniciar las negociaciones con el famoso y carismático inglés, David Beckham, para
aceptar su propuesta de atraer un equipo profesional de fútbol de la MLS.
A Miami,
con las franquicias de los deportes profesionales más importantes, entre ellos
el Heat, los Marlins y los Dolphins, y a pocos kilómetros los Panthers en Fort
Lauderdale, solo le faltaba atraer el fútbol de la MLS después de que años
atrás los Strikers abandonaran la zona sin el acompañamiento de una población
latina que miraba de reojo.
Hoy la
visión es distinta. La población de Miami es más hispana y heterogénea y los
residentes de siempre, americanos y latinos por igual, aprendieron a ver el
soccer con más cercanía, después de que la MLS y la FIFA vienen machacando con
la fiebre del mundo a fuerza de buen juego y mercadotecnia. Y a esto hay que
sumarle la visión de Beckman de hablar de fútbol cuando el Mundial de Brasil
está en boca de todos y ya se palpita.
Beckham tiene
mucho que ver con esa nueva visión del fútbol, y trajo lo que otras luminarias y
grandes futbolistas como Pelé, Beckenbauer, y muchos otros no pudieron. Esa
mezcla de buen fútbol, pelotas curvas, golazos y pases milimétricos, combinados
con una gran dosis de celebridad y entretenimiento que descargó desde Los
Angeles o Hollywood para todo el país. Y esa mezcla explosiva no hubiera podido
tener mejor destino que Miami, ciudad que siempre fue buena en todos los
deportes, pero que tiene un valor agregado para el mundo después de que hace
tres años aterrizara uno de los mejores embajadores del deporte: Lebron James,
el Rey.
Beckham
tiene todos los condimentos. Fama, visión e integridad para los negocios, y una
figura imantada para las multitudes. Miami, Fútbol y Beckham son una excelente
combinación, una propuesta que supera a otras que en el pasado de la ciudad se
intentaron sin éxito.
Todavía
falta tiempo para que la propuesta cuaje y tal vez el mayor escollo será la intención
de la firma Beckham Brand Limited de querer construir el estadio - con fondos
privados y pagando el alquiler del espacio si es público – en el Puerto de
Miami. Es verdad que ese lugar tiene un atractivo importante, por cuanto está a
pocas cuadras del downtown de Miami, con una vista espectacular de la ciudad, un
espacio donde converge el transporte público, evasivo en otras áreas de Miami.
Pero también es cierto que le sumará una carga demasiado pesada para el centro,
donde el tráfico es descomunal, y para el puerto, uno de los más activos del
mundo en cuanto a pasajeros de cruceros y cargas que llegarán en barcos de gran
calado cuando pronto quede terminada la expansión del Canal de Panamá.
Para nuestro
bien como amantes del fútbol y para Miami para fortalecer su imagen como gran
imán turístico del mundo, ojalá que las pretensiones de construir un estadio en
un lugar no tan factible, no descarrilen ni la propuesta ni la inversión
económica y humana a futuro. Ojalá que Miami se dé el gusto de aceptar este
regalo de Navidad.