sábado, 20 de agosto de 2016

Abucheo olímpico

A tono con la nueva modalidad olímpica del abucheo desaprobatorio o burlón que baja de las gradas, hay mucho para reprochar en estos Juegos Olímpicos Río 2016.

Entre los deportistas que merecen desaprobación están el estadounidense Ryan Lochte y sus colegas nadadores, procesados por un atraco a punta de pistola que nunca existió o la nadadora francesa, Aurélie Muller, que hundió a la italiana Rochele Bruni un par de brazadas antes de la meta. El público brasileño tampoco se comportó a la altura de la llama olímpica. Victimizó con sus boos a los atletas argentinos (y viceversa), a su propio Neymar al principio de la competencia, y al pertiguista francés, Renaud Lavillenie, que adjudicó al abucheo la pérdida de su oro, quien además llamó nazis a los hinchas brasileños.

A pesar de todo, estas desaprobaciones quedarán sepultadas por los logros de deportistas como Michael Phelp, Usain Bolt o Simone Biles. Empero, lo que no debiera quedar en el olvido, mereciendo un abucheo estentóreo y prolongado, es la falta de previsión de muchos gobiernos, entre los que se destacan los latinoamericanos, por no aplicar políticas deportivas de largo alcance que les permitan revertir los pobres resultados alcanzados tras cada olimpíada.

El medallero en Río demuestra esa falta de previsión. La brecha entre países con oro se sigue ensanchando, desde que los juegos modernos se iniciaron en Atenas 1896. Y no se trata de que EEUU o Alemania sean países desarrollados comparados a Argentina o México, porque está comprobado que con los programas deportivos y la inversión adecuada, todos los atletas, sin distinción, pueden competir en igualdad de condiciones.

Los países más desarrollados tienen diferente actitud frente al deporte. Invierten en programas de largo alcance y entienden que los Juegos Olímpicos no es solo una competencia, sino con los que pueden medir el resultado de sus políticas y estrategias deportivas. Phelps no cosechó 28 medallas por casualidad. Si bien es consecuencia de un físico superdotado, también es producto de la inversión estatal. Lejos de esa proeza, pero sin menos merecimientos, está el boxeador mexicano Misael Rodríguez que consiguió bronce en Río, pese a que debió mendigar en las calles de su país por falta de apoyo oficial.

Para aplicar políticas deportivas estratégicas, los gobiernos latinoamericanos no deberían buscarlas entre las grandes potencias, sino entre países con ejemplos más recientes y accesibles. El caso más fascinante es Corea del Sur. Su estrategia deportiva comenzó después de ser anfitriona de los JO, Seúl 1988. En las diez olimpíadas anteriores, había cosechado 37 medallas, 7 de oro. Después de Seúl, en las próximas ocho ediciones, cosechó 223 medallas, 94 de oro, convirtiéndose en la sexta potencia dorada y en la decimoprimera del medallero histórico.

Lo logró sobre la base de una Oficina de Política Deportiva que fomenta la industria del deporte. Los coreanos aumentaron a ocho horas semanales la educación física en las escuelas, incluyeron disciplinas occidentales a su cartera deportiva más allá de las tradicionales artes marciales e incentivaron a sus ciudadanos a participar de maratones y clases de gimnasia masivas, así como de los más de 500 mil clubes de barrios. Corea del Sur entendió que el deporte no es un entretenimiento, sino un componente importante de su cultura. 

En América Latina la magra cosecha de medallas demuestra la falta de planificación. Hay hasta países en retroceso, como Argentina, que obtuvo más medallas en las olimpíadas de Ámsterdam 1928 y Berlín 1936, que en Londres 2012 y en estas de Río. Colombia, por otro lado, pese a incipientes logros, está demostrando que las políticas dan resultado. Tras triplicar su presupuesto de 51 a 153 millones de dólares desde el 2012 a la fecha, cosechó 3 medallas de oro, una más que en siete ediciones anteriores disputadas entre 1972 y 2008.


Ojalá que antes del final de este domingo, América Latina aumente su cosecha de preseas. Sin embargo, para competir en Tokio 2020 y en adelante, y para que las medallas no sean solo fruto de hazañas heroicas e individuales de los atletas o producto de deportes profesionales, los gobiernos tendrán que invertir en políticas deportivas coherentes y consistentes. Solo así podrán crear una efectiva cultura deportiva para evitar el abucheo y salir del subdesarrollo olímpico. trottiart@gmail.com

domingo, 14 de agosto de 2016

Miami, construcciones y la corrupción injusta

La corrupción es una transacción injusta. El fruto de lo robado en países pobres se fuga hacia los más ricos. Es que los corruptos también necesitan mercados más confiables donde invertir y esconder sus botines. Miami es prueba irrefutable.

Esta área del sur de la Florida creció a ritmo vertiginoso. En los últimos cinco años la población aumentó en 500 mil habitantes. Solo en 2015 se vendieron propiedades por 6,5 mil millones de dólares, 53% en efectivo y en gran parte vendidas a extranjeros, muchos escondidos detrás de empresas pantalla.

Aunque no todo el efectivo es parte de la corrupción, es la forma preferida de quienes buscan pasar por debajo del radar. Así lo demostró una investigación del The Miami Herald, basada en los Panama Papers, aquella filtración de millones de correos del estudio panameño Mossack Fonseca, creador de empresas off-shore.

Muchos de los compradores son los nuevos ricos o ex funcionarios que se han forjado en la corrupción de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, Hugo Chávez y Nicolás Maduro y Lula da Silva y Dilma Rousseff. Sin embargo, sería injusto atribuir la explosión de nuevos rascacielos a los ladrones kirchneristas, chavistas y brasileños o a los rusos y del este europeo. Miami, como Nueva York y Los Ángeles, también atrae capitales legítimos nacionales y los que se fugan de cada crisis política o económica en el mundo.

Las investigaciones más recientes apuntan a que ex funcionarios corruptos argentinos han tomado por asalto varios edificios en los barrios de Brickell y Sunny Isle, los chavistas se han afincado en Key Biscayne y Doral, y los brasileños entre Fort Lauderdale y Palm Beach. Casos notables sobran. El ex secretario de Néstor Kirchner, Daniel Muñoz, fallecido hace tres meses, compró propiedades por 63 millones de dólares, cuando hace unos años declaró que solo tenía un Gol VW en su patrimonio. A Paulo Octavio Alves, vice gobernador por el estado de Brasilia, así como a una veintena de ex funcionarios brasileños, también se le atribuyen condominios de lujo en Miami.

El caso que más sonó esta semana es el de Angélica Rivera, la primera dama de México. The Guardian le atribuye usar un apartamento en Key Biscayne del Grupo Pierdant, que busca beneficiarse con obras públicas en puertos mexicanos. La ex actriz ya debió devolver la “casa blanca” en México, que se la había regalado la empresa Higa, beneficiada con licitaciones por parte de su esposo, Enrique Peña Nieto.

Lo extraño de toda esta corrupción es su característica impúdica. No se trata de ladrones que como los del “robo del siglo” casi que despiertan admiración, sino de casos patéticos. Los más extraños están ligados al kirchnerismo. José López tiraba bolsos con millones de dólares en conventos, Lázaro Báez los enterraba en sus estancias, Milagro Sala los enviaba por correo certificado a Olivos y Muñoz los reconvertía en Miami. Y todo esto durante un período de 12 años en los que la pareja presidencial de Cristina-Néstor aumentó 800%; al menos de patrimonio declarado.

El chavismo también destacó. A sus nuevos ricos escrachados en Miami por connacionales exiliados y perseguidos por el régimen, se les sumaron dos sobrinos de Maduro, criados como hijos, quienes esperan sentencia por intentar meter ocho toneladas de cocaína en EEUU. Y entre narcos, también se destaca el caso del español Alvaro López Tardón, líder de la banda Los Miami, a quien se le incautaron 13 condominios de lujo y una flota aparatosa de autos.

Claro que la culpa no es solo de los ladrones. EEUU, como gran beneficiario de estos capitales en fuga, ha hecho poco para detener la sangría de países a los que castiga oficialmente por corruptos. Es notable que el gobierno recién haya tomado cartas en el asunto después de los Panama Papers. Desde entonces, los federales en Miami están escudriñando todas las compras mayores a un millón de dólares en efectivo; pero, vale recalcar, que muchas se realizan con transferencias y menores a ese monto.

Lo irónico de todo esto, es que mientras la alta cotización del dólar aminora las inversiones de extranjeros y a que las investigaciones y el público en Latinoamérica arrojan a los corruptos al infierno, Miami sigue con la inercia de la construcción de otras épocas y alzándose cada vez más hacia el cielo. trottiart@gmail.com


domingo, 7 de agosto de 2016

Macri, libertad de prensa e institucionalidad

Esperaba más entusiasmo de Mauricio Macri, o al menos que lo aparentara, cuando esta semana lo visitamos en la Casa Rosada con una delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa. 
Nuestro objetivo era comprometer a su gobierno a respetar y garantizar las libertades de prensa y de expresión, derechos íntimamente ligados a la institucionalidad y la democracia.
Pensé que el Presidente elaboraría un discurso efusivo. Así lo había hecho cuando se refirió a su lucha en contra de la pobreza heredada, cuando anunció que Argentina pagaría sus deudas para regresar a los mercados internacionales o cuando se cargó de esperanza ante la Justicia, desde que muchos ex funcionarios y allegados al kirchnerismo empezaron a desfilar antes los tribunales. Pensé que lo haría porque aunque la libertad de prensa pareciera de menor rango que lo político, lo económico y lo judicial, es necesario abrazarla con entusiasmo si se pretende gobernar en y para la democracia.  
Macri fue austero y parco cuando firmó su compromiso, la Declaración de Chapultepec, la que señala atributos y libertades necesarias para ayudar a generar institucionalidad. Solo atinó a decir que "es una alegría que todo esto parezca una historia lejana", después de que el jefe de nuestra delegación, Claudio Paolillo, leyó una larga letanía de violaciones a la libertad de prensa durante los 12 años del kirchnerismo.
Paolillo ponderó que Argentina haya retornado “al grupo de países donde rige un periodismo libre, sin hostigamientos desde el poder, sin persecuciones, sin discriminaciones y sin 'escraches' en cadenas obligatorias de televisión contra los que piensan diferente" y contra aquellos que “fueron vulnerados… por funcionarios o militantes oficialistas financiados con dineros públicos".

Tampoco puedo ser injusto. Aunque Macri no se mostró exaltado, es cierto que las acciones serán siempre mejores que las palabras. El panorama del Periodismo ya ha cambiado para bien con este gobierno. Pronto regirá una ley de acceso a la información pública que incentivará la transparencia y permitirá a cualquier argentino saber y preguntar sobre cómo manejan sus dineros en la administración pública.

Además, el poder ya no insulta a los periodistas, no cuelga pendones con lemas de que tal medio miente o Hebe de Bonafini ya no usa la Plaza de Mayo para ajusticiar a los periodistas críticos, sino para esconderse de los jueces por sus engaños en “sueños compartidos”. Tampoco se usa el dinero público para financiar a medios amigos. Existe una política que restringe que los medios públicos sean usados como órganos partidarios del gobierno. Volvieron las conferencias de prensa y no se hace propaganda con estrategias del “fútbol para todos”, inspiradas en el “pan y circo” de los emperadores romanos.

Pero que Macri no haya aprovechado el acto para crear más diferencias con las del gobierno de Cristina Kirchner en materia de libertad de prensa, demuestra que necesita una mejor estrategia de comunicación. No se puede confiar solo en su pericia para Snapchat o en reunirse con el mediático Marcelo Tinelli para minimizar la sátira. Si el gobierno no aprende a dar su mensaje, tendrá que seguir replegándose como ya lo hizo por comunicar mal o no dosificar el aumento de las tarifas de servicios, por aparecer en los Panama Papers, por violentar el derecho a la privacidad de los ciudadanos al usar datos personales para cuestiones gubernamentales o por intentar mandar a la cárcel a los periodistas que deschaven a quienes blanqueen corrupción.

Es cierto también que la libertad de prensa no es un tema importante ante tantas urgencias. Los tarifazos, la reforma tributaria, el blanqueo de capitales, el seguro universal de salud, el desemplo y la inflación que no cesa en este semestre prometido son temas urticantes, pero la libertad también es indispensable para construir democracia.

El Presidente todavía tiene tiempo - aunque no mucho - para hacer reformas económicas, políticas y judiciales que encaminen a Argentina hacia la madurez institucional. Debe desterrarse esa ciclotimia de caer ciclotímicamente en los errores pasados, saltando en un santiamén constante de picos económicos a corralitos, de clientelismo populista a tarifazos correctores o de corruptos impunes a procesados sin privilegios. trottiart@gmail.com


lunes, 1 de agosto de 2016

Empieza la verdadera carrera: Hillary vs Trump

Terminadas las convenciones partidarias, empieza ahora la verdadera carrera por la Casa Blanca. La demócrata Hillary Clinton es la opción más estable y segura. El republicano Donald Trump es el más desconcertante e impredecible.
Visto así, y por las críticas y el rechazo que Trump recibe del 90% de la prensa, Hillary ganaría holgadamente. Pero no hay que descartar a Trump. Hoy las encuestas los dan empatados. Hillary representa el estatus quo, la continuación de un sistema político desgastado sin mucha conexión con gran parte de sus partidarios. Trump es el outsider, el anti sistema, el de crítica apocalíptica; de la que tampoco se salvó su partido.
Ambos muestran visiones de países diametralmente opuestos; polarización extrema. Hillary, por su dureza conservadora, posición económica abierta y loas al patriotismo, parece republicana. Trump es nacionalista en lo político y proteccionista en lo económico; casi un demócrata.
Pese al cambio de roles, y después de haber barrido a sus contrincantes en las internas, tienen para criticarse y ser criticados. En las convenciones, más allá de los globos y pancartas, no hubo grandes descubrimientos, sino sorpresas.
Los republicanos eligieron a un hombre sin convencimiento, pero sucumbieron ante su sorpresivo e histórico caudal de votos. Los demócratas prefirieron a la candidata más segura, pese a que Bernie Sanders, siendo el más viejo, representaba la mayor esperanza para los jóvenes y el cambio.
La convención republicana tuvo que lidiar con el plagio de Melania Trump por copiar párrafos de un discurso de hace ocho años de Michelle Obama, mientras que la cúpula demócrata debió lidiar con el engaño. La filtración en Wikileaks de 20 mil emails demostró que el partido favoreció a Hillary por sobre Sanders. Ante lo innegable, renunció la presidenta del Comité Nacional Demócrata, mientras el servicio secreto acusaba al gobierno ruso de esas filtraciones para favorecer a Trump, quien, irónicamente devolvió la estocada.
Trump pidió por Twitter a los rusos que encuentren los otros 30 mil emails que comprometen a Hillary por haber usado cuentas personales para intercambiar mensajes altamente confidenciales cuando era secretaria de Estado, comprometiendo la seguridad nacional. Los republicanos piden que la encarcelen desde que hace dos semanas el FBI la exoneró de toda culpa, justo a tiempo para su nominación.
Las acusaciones subirán de tono. Ambos candidatos no lograron unir a sus partidos. Algunos de sus partidarios votarán en blanco, otros no acudirán a las urnas y algunos usarán el voto castigo. Esa penalidad tiene justificaciones. Hillary tiene muchos flancos abiertos; la invasión de Libia, la guerra de Irak, los engaños amorosos de su esposo, el presidente Bill Clinton, pese a que en la Convención la alabó como la compañera inseparable durante 40 años. Trump es un showman boquiabierto y fanfarrón, populista multimillonario, que sorpresivamente ahuyenta a las minorías; esas que en los últimos tiempos han desequilibrado la balanza electoral.
Trump promete un país nuevo, más seguro, sin el crimen y el terror que le achaca a la mano débil de Barack Obama. Pronostica más empleos y fábricas en el país. No quiere tratados de libre comercio y quiere que EEUU no siga de policía por el mundo. Ella ofrece estabilidad económica, inclusión de clases y género, seguridad globalizada y quiere reforzar el programa de salud pública de Obama, asignatura que le quedó pendiente como primera dama en la presidencia de su esposo.
Gane quien ganare, la Casa Blanca ya no será igual. No se sabe el papel que le dará la primera mujer presidente de la historia a quien ya se sentó en el salón oval, al que usó de burdel con Mónica Lewinsky. También es incierto lo que sucederá si accede al trono el rubio peinado a lo Simpson y su esposa, una inmigrante eslovaca que no es arquitecta como dice su biografía. Sin dudas, con los Clinton o los Trump o esta emulación de House of Cards, la sátira política estará de parabienes.
Si Hillary gana habrá mayor certidumbre. Pero de ganar Trump no habrá apocalipsis. EEUU tiene un sistema político con fuertes contrapoderes y equilibrios que no permite un presidencialismo personalista. El poder será el mismo, solo cambiará el estilo. Trottiart@gmail.com


lunes, 25 de julio de 2016

Las olimpíadas (y el Mundial) deslucen a Brasil

Cuando en 2009 el ex presidente Lula da Silva anunció el Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro de este agosto, el gobierno brasileño exudaba optimismo y los brasileños tocaban el cielo con las manos.

Aquella algarabía oficial por mostrar al mundo un país potencia en desarrollo fue puro espejismo. Los dos mega eventos terminaron por desnudar a un país desigual, desordenado y putrefacto, tanto por la corrupción pública como por la contaminación de aguas fecales y deshechos humanos en la bahía de Guanabara.

Hoy, a diferencia del Mundial, no hay protestas anticorrupción. Fueron aplacadas por la destitución de Dilma Rousseff, el encarcelamiento de ministros y del propietario de la constructora Odebrecht. Sin embargo, sigue intacto el hastío de la gente por el desorden del gobierno y la máscara que esconde al verdadero Brasil.

Una encuesta del Instituto Datafolha revela que más de la mitad de los brasileños desaprueba los JO y que desenmascaran aún más las inconsistencias del país. Los JO han desnudado los problemas económicos de un Río en quiebra, un sistema estatal y federal incapaz de lidiar con la contaminación y concluir las obras programadas, algunas, concedidas a cambio de sobornos al mejor postor, como ocurrió con varios estadios mundialistas.

A los problemas endémicos, se les deben sumar los fortuitos, como los de seguridad y salud pública. Según Amnistía Internacional las víctimas fatales a manos de la policía se incrementaron en un 135% en los últimos meses. Y Los atentados en Niza, Alemania y masacres en EEUU suman preocupaciones a las fuerzas de seguridad y servicios de inteligencia. Esta semana detuvieron a 10 jóvenes brasileños sospechosos de estar preparando atentados a nombre del Estado Islámico y detectaron webs con propaganda terrorista en portugués.

El zika que ha infectado a 163 mil brasileños, está más controlado en época de invierno, pero sigue sobrevolando sobre el espíritu olímpico. Algunos comités nacionales han dado libertad a sus atletas para participar en Río, siendo el basquetbolista Stephen Curry el caso más emblemático de los que optó por no ir por miedo al contagio.

Otro problema se genera alrededor de las cientos de favelas que anidan en Río. Si bien están más tranquilas que en el Mundial, no están tan pacificadas como anuncia la Policía. Muchas siguen en manos de narcos, milicias y parapoliciales que se disputan el territorio y la violencia excede sus límites. El ex astro Rivaldo fue enfático a principios de mayo cuando una joven de 17 años fue violada y asesinada en pleno Río. 

A sus más de 400 mil seguidores en Instagram les advirtió: “Las cosas se están poniendo más feas. Aconsejo a todos los que planean visitar Brasil para los Olímpicos, que se queden en sus casas”.

El entorno de corrupción internacional que envuelve al deporte tampoco ayuda para que Río se luzca. El Tribunal Arbitral del Deporte acaba de rechazar una apelación de 68 atletas rusos, acusados de doping en los juegos invernales de Sochi. La disputa es ardua y el Comité Olímpico Internacional (COI) deberá sentenciar esta próxima semana. Pero el Informe MacLaren de un investigador canadiense conocido esta semana fue categórico: El doping fue estrategia oficial del gobierno ruso.

Vladimir Putin no lleva las de ganar. Sobre él ya pesa el soborno pagado para realizar el Mundial de 2018 a la FIFA, cuyas máximas autoridades, después de gozar de décadas de impunidad e inmunidad, están en la cárcel o prófugos a la espera de duras sanciones. 

Pese a todo, las autoridades brasileñas no deben asumir todas las culpas. El Comité Olímpico Internacional no termina de concretar unas reformas de organización para que los JO sean más baratos, no desequilibren las cuentas y para que ciudades más chicas se ofrezcan como anfitriones.


Es que las ofertas son cada vez menores. Hamburgo desistió de ser candidata, mientras que Roma y Budapest analizan hacerlo. Cada Olimpíada, en lugar de potenciar a la ciudad anfitriona, termina por hipotecar su futuro con presupuestos distorsionados. Río sobrepasó el suyo en 51%, y si bien está lejos de los desastres económicos de Atenas, Beijing y Londres, los costos y peligros potenciales, opacan a los beneficios soñados. trottiart@gmail.com

lunes, 18 de julio de 2016

Buenos y malos, pero con armas

Lejos de la creencia popular y de la ficción hollywoodense sobre que las personas buenas que exhiben y usan armas de fuego permiten disuadir hechos de violencia, las últimas matanzas ocurridas en EEUU, así como estudios académicos, indican todo lo contrario.

“La única manera de detener a un tipo malo con un arma, es un buen tipo con un arma", dijo Wayle LaPierre, vicepresidente de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), tras la matanza de niños en 2012 en la escuela primaria Sandy Hook de Newton, en Connecticut. Es la retórica de siempre que usa la influyente organización para neutralizar las críticas y defender un derecho constitucional a la posesión de armas que interpreta a su conveniencia.

Esta teoría de los buenos contra los malos quedó otra vez desacreditada con la masacre de tres policías este fin de semana en Baton Rouge, cinco policías en Dallas la semana pasada y el asesinato de 50 personas en el bar de Orlando a mediados de junio. Estas matanzas, así como las del cine en Aurora o de la escuela Columbine, fueron cometidas por individuos que no eran malos hasta entonces, con pocos antecedentes, pero con posibilidad de acceder a armas de grueso calibre.

Estudios del FBI revelan que en muy pocas ocasiones los buenos civiles con armas detienen a los criminales, tratándose más de una excepción que una regla. De 160 incidentes en los últimos 15 años, en 90 casos los criminales terminaron suicidándose en la escena y en solo cinco fueron atrapados o disuadidos por otros civiles o vecinos con armas.

Ese argumento de la NRA también contrasta con lo que explicó el jefe de Policía de Dallas, David Brown. Antes que el francotirador asesinara a los cinco policías, unos 20 manifestantes del movimiento Black Lives Matter exhibían sus rifles de asalto durante la protesta. Cuando se escucharon los disparos, todo el mundo salió corriendo en todas direcciones, y de repente quienes corrían con armas se transformaron en sospechosos. Ante esa confusión, Brown dijo que la policía no sabía “quién es el bueno y quien es el malo”.

Al contrario de lo que sostiene la NRA sobre que la exhibición de armas por parte de personas decentes aumenta la sensación de seguridad, la mayoría de los estudios demuestran que con más armas, la gente está menos segura. La American Journal of Medicine publicó un análisis en 2013 sobre muertes por armas de fuego en 27 países. Detectó que el nivel de muertes está proporcionalmente atado a la cantidad de armas que poseen los ciudadanos, siendo EEUU el país abanderado en ambos renglones.

La evidencia muestra que las armas de fuego aumentan la probabilidad de más incidentes violentos, sin distinción entre buenos y malos, ya sea si apuntan deliberadamente hacia otros o hacia sí mismos. También vale esto para quienes justifican la defensa propia. Los estudios revelan que las armas en el hogar no hacen que la gente esté más segura, sino que aumentan las chances de accidentes mortales.

Las últimas matanzas masivas de San Bernardino, Orlando y Dallas también señalan que el acceso a las armas puede exacerbar otros conflictos sociales, como el terrorismo, los crímenes de odio y el racismo. Muchos piensan que si la policía no tuviera tanto poder de fuego, probablemente los dos jóvenes negros, Alton Sterling y Philantro Castilla, muertos en Baton Rouge y Minneapolis, hoy estarían con vida o no serían parte de las 509 personas que murieron en lo que va del 2016 a manos de la Policía.

El racismo siempre tuvo ramificaciones violentas en EEUU, desde los atropellos históricos del Klu Klux Klan hasta la defensa de grupos que defienden el derecho de los negros. El movimiento Nuevas Panteras Negras anunció que exhibirá armas como símbolo de autodefensa durante las protestas en Cleveland, en estos días previos a la Convención Nacional Republicana que se celebrará este lunes. El problema es que un grupo seguidor de Donald Trump notificó que hará lo mismo. El riesgo de conflicto está latente.


Si se considera que las armas no desactivan situaciones violentas, sino que las exacerban, el gobierno deberá hacer mayores esfuerzos en favor de la seguridad y la sensación de seguridad. Tendrá que imponer mayores restricciones para que no cualquiera pueda acceder a las armas de fuego e impedir que estas se puedan exhibir a plena vista con total arrogancia o demostración de fuerza. trottiart@gmail.com

lunes, 11 de julio de 2016

Macri, migraciones y nacionalismos


La inmigración planificada es un proceso beneficioso. Sin estrategia y orden, puede despertar nacionalismos discriminatorios y racistas, convirtiendo en pesadilla los sueños de quienes buscan mejores oportunidades y complicando los propios esfuerzos de los países receptores.

Esos nacionalismos anti inmigratorios llevaron a los británicos a salirse de la Unión Europea, motivaron protestas multitudinarias en Alemania y Francia por la suerte de refugiados sirios y del norte africano, así como envalentonaron a Donald Trump a prometer muros físicos y virtuales para detener la entrada de “mexicanos violadores” y “musulmanes terroristas”.

Entre tantas actitudes anti migratorias, Mauricio Macri sorprendió esta semana durante su gira por Europa. Ratificó que Argentina recibirá a tres mil refugiados sirios, pero aumentó su apuesta a favor de una nueva ola inmigratoria que, emulando las del siglo 19 y de comienzos del 20, considera necesaria para crear riqueza, desarrollo y buen futuro.

El tema inmigratorio también flotó en su paso por EEUU cuando se reunió en Sun Valley con los popes de las mayores empresas tecnológicas del mundo. Los líderes de Google, Facebook y Microsoft  admiten que sin los inmigrantes con mano de obra calificada, Silicon Valley podría estancarse. Por ello insisten a Barack Obama para que amplíe el número de visas que EEUU otorga a inmigrantes con especialidad en ciencias y matemáticas.

Para su formidable aventura, que desentona con las experiencias de Argentina y de Latinoamérica, regiones expertas en expulsar a sus ciudadanos, Macri debería observar otras experiencias migratorias y enfocarse en la de EEUU, que si bien no es la mejor del mundo, ese melting pot le servirá de espejo para aprender sobre aciertos y errores.

EEUU es, ante todo, solidario. Así como dio cabida a los perseguidos por su religión que terminaron por moldear la Constitución y los cimientos de la nación, cuatro siglos después sigue siendo el país que más visas a refugiados y asilados políticos otorga, 69.933 solo en 2015. Esto sin contar las 20 mil residencias que otorga anualmente en forma oficial a los cubanos y las miles que concede a los que llegan en balsas o por terceros países.

También otorga miles de visas a trabajadores agrícolas que deambulan por cosechas desde California a Dakota del Norte; aunque equilibra esa mano de obra que no quieren los estadounidenses con visas a trabajadores con habilidades excepcionales. Adjudica cada año unas 65 mil visas a inmigrantes con grado universitario y otras 20 mil a profesionales con doctorados que, después de seis años con permiso de trabajo, suelen terminar absorbidos por la empresa privada.

Utiliza también otra fórmula indirecta y muy eficiente. Ochocientos mil estudiantes extranjeros se matriculan cada año en las universidades estadounidenses. Un gran porcentaje de ellos, cuya matrícula y estudios anteriores fueron pagados por sus gobiernos de origen, terminan quedándose en el país, demostrándose que los procesos migratorios también son ecuaciones injustas, siendo que un país gana lo que el otro pierde.    

No todo es color de rosa en EEUU. Obama todavía no ha podido lograr consenso sobre una esperada reforma migratoria para sacar del limbo a 11 millones de indocumentados hispanos. La discriminación, las actitudes racistas, la explotación laboral y la deportación que muchas veces fractura a familias enteras, son moneda corriente en este grupo cada vez más marginal.

Estas buenas y malas experiencias pueden aportarle a Macri un contexto mejor para superar sus varios desafíos. En un país tan vasto, deshabitado, ciclotímico en crisis políticas y económicas que ahuyenta a sus propios habitantes, no le será fácil incentivar la inmigración, que al igual que las inversiones, tiende a radicarse en lugares confiables y estables.


Su mayor desafío será proponer una Argentina federal, alejándola de la tentación que representan los centros urbanos como Buenos Aires. Tendrá que ofrecer un país con buenas instituciones, económicamente viable, con buen sistema de salud pública, mejores universidades como polos de atracción y, muy especialmente, con una política de inserción que no deje al migrante, de cualquier nacionalidad, preso de los prejuicios de ascendencia europea que se tienen en el país. trottiart@gmail.com