martes, 22 de julio de 2014

FIFA, Mundial y desigualdades

El Mundial de Brasil fue mejor de lo que se esperaba, pero social, política y futbolísticamente reveló las desigualdades y problemas de siempre.

Que en el fútbol ya no existen equipos chicos como Costa Rica, es todavía ilusión y deseo. Los mundiales siguen reservados para países con más escuela, mayor trayectoria y mejores ligas como confirman las 20 copas desde 1930. Los títulos y subcampeonatos se los repartieron entre Brasil, Italia, Alemania, Argentina, Uruguay, España, Inglaterra y Francia, mientras que a la puerta de la gloria también quedaron la eterna Holanda, además de Hungría, Suecia y Checoslovaquia, en sus épocas esporádicas de esplendor.

Más allá del histórico 7 a 1 y de la tempranera eliminación de España, Italia e Inglaterra, no sorprendió que el 80% de jugadores juegue en ligas europeas. A excepción de estas, más ricas y televisadas, las demás, incluidas las otrora poderosas de Brasil y Argentina, parecen destinadas a fabricar talentos de exportación o a reciclarlos una vez que gastan sus mejores años en el exterior.

La desigualdad se nota hasta en los puestos de trabajo. Si bien este fue el Mundial de los arqueros catapultando las cotizaciones de Bravo, Ospina, Ochoa, Romero, Krul y Neur, el fútbol sigue dominado por goleadores, confirmándose la regla con fichajes y salarios estratosféricos como los de Kroos, Suárez, Rodríguez, Messi, Neymar, Rolando y Benzema.

Políticamente el fútbol sigue carcomido por la rampante corrupción, aumentada ahora por la escandalosa reventa de entradas. La policía brasileña sorprendió con una exhaustiva investigación destapando un fenómeno que la FIFA arrastra impunemente desde Korea-Japón 2002.

Durante el operativo policial pocos quedaron a salvo. La policía persiguió y acusó a una banda de dirigentes delincuentes que revendía a un valor 12 mil dólares por entrada para la final. El primero en caer fue el británico Ray Whelan, director de Match Services, empresa socia de la FIFA, luego el franco-argelino Mohamadou Fofana, y en el medio terminaron salpicados los ex mundialistas Dunga y Jairzinho, y las federaciones de fútbol de Argentina, España y Brasil.

La FIFA, de cultura defensiva y sin transparencia, sigue escudando a quienes corrompen, lavan dinero, evaden al fisco y que, en este caso, amasaron una bolsa de 500 mil dólares por partido. El ruido le resultó ideal al presidente Joseph Blatter. Aprovechó para incumplir con su promesa de que antes de que terminara el Mundial aclararía el episodio de los sobornos que permitieron a Rusia y Qatar alzarse con las próximas sedes mundialistas. En el tumulto, Vladimir Putin se apuró a llegar al Maracaná, recogió la posta y partió rápido antes que le cuestionen si todavía sería anfitrión en el 2018.

El gobierno de Brasil se había esmerado y consiguió llegar a esta copa con menos desigualdad social. Lula y Dilma lograron que unos 30 millones de brasileños abandonaran la pobreza extrema. Sin embargo, una población inconforme usó al Mundial de escaparate para protestar contra el liderazgo político, la corrupción y los gastos superfluos de los estadios que dejaron rezagadas carreteras, hospitales y escuelas, entre otras obras más necesarias.

Desde que Brasil consiguió la copa en 2007 hubo grandes esfuerzos para esconder la miseria y la violencia. Criticada fue entonces la construcción de muros para tapar las favelas, como ahora fue la televisión por mostrar a un país lejos de su rica historia interracial. En las tribunas las cámaras retrataron al Brasil europeo, no al mestizo y hasta Pelé pareció ser el único negro.

Vale notar, empero, que el gobierno pudo detener o prorrogar el crimen. El brasileño fue hospitalario y pacífico. La no violencia, la participación masiva de mujeres y las redes sociales coadyuvaron para que este fuera el mejor de todos los mundiales como afirmó la FIFA.

A la FIFA le resta ahora buscar la igualdad en el fútbol, algo menos abstracto que promover la unidad y la paz como pregonó Coca Cola en sus comerciales y el papa Francisco desde el Vaticano. Bajo ese objetivo, la institución debería ser más transparente, rendir cuentas, sentarse sin privilegios ante la justicia y, sobre todo, invertir en ligas nacionales en crisis y con menos recursos, en vez de acumular  millones y gastar sus energías en corrupción.

domingo, 13 de julio de 2014

Un Mundial de lágrimas

Nunca hubo tantas lágrimas como en este Mundial. Siempre se lloró pero en situaciones de quiebre, como aquellas pocas y secas lágrimas del arquero alemán en México 86 o las abundantes e inconsolables del Diego en Italia 90.

Este Brasil parece que tomó a todos con la guardia baja. Todos lloran: hombres, mujeres, niños; emocionados por los triunfos, humillados por las derrotas o contentos por los empates. Un fenómeno, quizás, por la alineación de Mercurio con los demás astros, por el clima, porque cada partido cuesta subir una cuesta o porque en las redes sociales se mezclan jugadores y fanáticos, jugando previas, y compartiendo triunfos y selfies en paños menores.

Los sociólogos tendrán que descifrar este valle de lágrimas, si es para combatir tristezas, acompañar alegrías, canalizar nacionalismos o neutralizar burlas. Tal vez concluyan que el fútbol sirve de excusa para llorar sin vergüenza y para desahogar penurias extrafutbolísticas acumuladas. En este Mundial llorar sin disimulo y a destajo se convirtió en una nueva forma de expresión.

Más allá del análisis, lo cierto es que las lágrimas más profusas se derramaron en semifinales. Como las del jefecito Mascherano y la Pulga que corrieron llorando para abrazar al Chiquito Romero tras los penales. O como las del fanático argentino que después del partido en Sao Paulo, mostraba un meme con las fotos del papa alemán Ratzinger y del argentino Francisco, a quienes responsabilizaba del pacto entre el Vaticano y el Señor para llegar este domingo a una final divina.

Lo de Brasil fue hecatombe con el 7 a 1 de la aplanadora alemana, con cuatro goles en cinco minutos o cinco goles en cuatro minutos; da igual. Todo un país lloró y hasta se cree que el Amazonas perdió su bullicio. Lo conmovedor fue ver en las gradas a los chicos a moco tendido, quienes por varias generaciones guardarán la desazón en sus retinas, así como sus abuelos vinieron soportando por 64 años el Maracanazo, hasta que rompieron el maleficio con una derrota desmedida.

El único que desentonó sin lloriqueo fue el estoico técnico Felipao Scolari que sorprendentemente no se inmoló tras la debacle, animándose a anunciar que elevaría un informe a sus jefes en la Confederación de Fútbol Brasilera, como si se tratara de un plan económico a futuro para detener la inflación. Su frialdad alemana denotó que siguió los consejos de su psicóloga, aquella que en los camarines de la Canarinha tuvo que elaborar mecanismos de defensa para Neymar y Julio Cesar que se derrumbaron desconsolados sobre el césped cuando le ganaron a Chile a los penales o para cuidar a todo un equipo que moqueaba entonando las estrofas del himno nacional.
A la psicóloga exorcista ni siquiera le valió la estrategia del himno de guerra, una camiseta del idolatrado e invertebrado Neymar que mostraron los jugadores en la alineación antes del partido. Los insensibles alemanes demostraron que el fútbol no solo es emoción, ganas y guerreo, sino táctica, escuela y disciplina. Dejaron a un país noqueado y a una prensa sin más remedio que amplificar la vergüenza nacional.
Y si faltaban lágrimas de todos los colores, la “Saeta Rubia” arrancó unas cuantas de emoción en el minuto de silencio previo al choque entre argentinos y holandeses, cuando todos reverenciaron a uno de los grandes de la historia futbolística, Alfredo Di Stéfano, el primero de una soñada trilogía argentina.
Es verdad que tras las lágrimas llega la redención. Así lo demostraron en Argelia, Chile, Colombia y en Costa Rica con el recibimiento apoteósico de las selecciones, un premio por subir un par de peldaños más que en torneos pasados. Pero para los grandes, aquellos que ganaron otros mundiales como España, Francia e Inglaterra, nadie derramó lágrimas, mucho menos para Portugal que precedida por la fama de su máximo goleador Ronaldo, terminó vilipendiada y goleada en Brasil.
Para muchos el Mundial terminó tras la eliminación de su selección, tiempo antes del pitazo final de este domingo cuando Alemania pudiera alcanzar su cuarta estrella o Argentina reivindicar su tercera. El lloroso Mundial Brasil 2014 terminará este lunes, el día más feo de este año; entonces todo será insípido, incoloro e inodoro. Sin Mundial se habrá acabado la esperanza y la excusa para llorar sin tapujos ni vergüenza. 

lunes, 7 de julio de 2014

US Soccer: Optimismo exagerado

En EE.UU. se vive un alto grado de optimismo sobre la popularidad del soccer, pese a ser eliminado en Brasil y a que el arquero Tim Howard fue su máxima figura por atajar 16 casi-goles a los belgas. Ese récord dejó al descubierto la pobreza futbolística de un país que en otros deportes y olimpíadas siempre es protagonista, disputa finales y viste de oro.

Para cualquier país futbolero, la derrota desmoraliza, duele, enerva. En EE.UU. el fracaso no dolió porque el fútbol todavía es cenicienta, a leguas de distancia del béisbol, el básquet y del rudo football americano.

El optimismo actual está atado al furor por el Mundial, pero habrá que ver que pasará después. Ahora, la excitación quedó reflejada en fiestas masivas en cada ciudad; en las audiencias estratosféricas de ESPN y Univisión que superaron a las de la reciente final de la NBA; en el ruido estruendoso de las redes sociales que obligaron a los medios a no ignorar al fútbol como en mundiales pasados; en la venta récord de entradas a fanáticos con las que se superó a todos los países, un éxito que la Fifa ensayó y aspira trasladar a India y China, sus otros mercados en mente.

Creo que ese optimismo por el soccer es exagerado, más producto de la excitación del mercadeo que de una vocación futbolera genuina. Seguramente, acabado el Mundial, los ratings televisivos de la Liga Mayor de Soccer (MLS) serán los de siempre, casi inexistentes como los de la liga de básquet femenino, los anunciantes darán menos apoyo y los hispanos seguirán siendo la mayor presencia en los estadios.

Al fútbol le cuesta penetrar y ser parte de la cultura deportiva gringa, la que en definitiva mueve el mercado. La MLS tiene culpas. Sigue con una fórmula poco efectiva o muy cosmética, la de importar estrellas, que no llegan para irradiar luz, sino a consumir sus últimos destellos antes de apagarse para siempre. Puede que al principio, convoquen más gente a los estadios, pero poco sucede después tras la curiosidad inicial. Así pasó con Pelé, Franz Beckenbauer, Johan Cruyff, Carlos Valderrama, Hristo Stoichkov, Roberto Donadoni, Lottar Mathaus, Denilson, David Beckham, y seguirá ocurriendo con las dos contrataciones estelares para esta temporada, el español David Villa y el brasilero Kaká.

El problema es que se quiere aplicar al soccer las recetas de otros deportes que se desarrollan en la escuela y la universidad. En ese fútbol tan estructurado y falto de espontaneidad que ya practican más de seis millones de jovencitos estadounidenses, difícilmente puedan aparecer los Messi y los Neymar. Es que se enseña a los chicos tácticas y estrategias de equipo, cuando en sus primeros años, como bien lo explotan en La Masia del Barcelona o en la De Toekomst del Ajax, a los niños no se les limitan ni los jueguitos ni la creatividad individual. El lema es que el fútbol sea alegría y diversión; ya habrá tiempo para todo lo demás.

El soccer puede aprender la receta de los demás deportes. Sus grandes estrellas como Lebron, Kobe o Alex Rodríguez solo fueron moldeadas por equipos profesionales, pero brotaron del juego espontáneo que de niños disfrutaron en las esquinas, estacionamientos y recovecos del barrio; así como los futbolistas brasileños y argentinos se crearon y expandieron desde calles, baldíos y potreros.

La Liga Mayor de Soccer tendría mayor éxito si además de contratar estrellas fugaces, obligaría a sus clubes abrir escuelitas y semilleros propios. De ahí la importancia del experimento que David Beckham quiere traer a Miami si la Liga le autoriza fundar un club y la ciudad le da el espacio para levantar un estadio. Es que Beckham, más que atracción y contagio mercantil, es dueño de una prestigiosa academia infantil que no solo entrena, sino que crea ese tipo de cultura futbolística que primero se alcanza con la diversión y sencillez.

El profesionalismo no es malo, pero sucede que EE.UU. creyó que así podría equipararse a las demás potencias mundiales. Es evidente que no se pueden quemar etapas para crear cultura futbolística, se trata de un proceso lento y que a los niños se les deje ser niños y que el soccer sea espontáneo. El soccer femenino estadounidense tiene esos ingredientes y tal vez esa fue receta para conseguir dos copas mundiales y cuatro oro olímpicos.

domingo, 29 de junio de 2014

Mano, cabezazo, mordisco

Los mundiales están destinados a pasar a la historia por lo extradeportivo, más que por goles y campeones: La “mano de Dios” en el 86, el cabezazo de Zidane en el 2006 o el reciente mordiscón de Luis Suárez al defensa italiano.

Con esas imágenes impresas en el adn del fútbol, se entremezclan sospechas sobre arreglos de partidos y sedes, dudas sobre si le darán una mano a Neymar y Brasil para llegar al 13 de julio, así como la tuvo la dictadura argentina en el 78, más allá del olfato goleador de Kempes y de los residuos de la jugosa “naranja mecánica” del 74.

Estos octavos de final no podían tener mejor comienzo, precedidos por la controversia de una dura sanción contra el “mike tyson” uruguayo, que puso en segundo plano los reclamos sociales de miles de brasileños por un país menos corrupto y más digno. La conducta de Suárez se prestó a bromas, memes y hasta a sentencias psicológicas sobre su personalidad e infancia, similares a las que llovieron sobre aquel Diego, desorbitado y drogado, festejando frente a las cámaras en el mundial del 94.

Los uruguayos tienen hoy el mismo odio por la Fifa que los argentinos sentimos cuando la enfermera se llevó de la mano a Diego al patíbulo antidopaje. Todos anticiparon el fallo lapidario, solo bastó la evidencia sobre el césped: Ayer, un Maradona increíblemente sumiso y hoy, un Suárez teatrero agarrándose la dentadura.

Puede ser que la sanción a Suárez haya sido desproporcionada. Así lo sintió el presidente uruguayo José Mujica y también miles de sus compatriotas que creen que la Fifa carece de la autoridad moral para juzgar y sancionar a alguien, cuando no puede con su propia corrupción. La pena es fuerte y tal vez la justifique la reincidencia de un jugador que ya ha mordido a otros colegas en Holanda e Inglaterra, donde acumuló más de una veintena de partidos de suspensión.

Es cierto que la Fifa no podría haber disimulado la agresión, en especial porque después de Sudáfrica reglamentó poder actuar de oficio ante cualquier omisión garrafal del árbitro. Pero si bien la suspensión de nueve partidos, la multa por 112 mil dólares y las recomendaciones de que busque tratamiento psicológico para su adicción pudieran sostenerse, resulta exagerado que, como a un criminal, le hayan suspendido por cuatro meses de toda actividad futbolística, incluido presenciar partidos en este mundial. 

Parece que la Fifa se dejó llevar por el ruido generado, ya que aunque los mordiscos revelan cierta perversidad, son menos peligrosos que las drogas, los cabezazos o las planchas que rompen tibias y peronés.

La suspensión del insustituible goleador tuvo un mal efecto en los uruguayos, quienes se desmoronaron como aquellos argentinos desamparados del 94. No pudieron hacer nada para que aflore la tradicional garra charrúa, capaz de convertir otro “maracanazo”.

Pese al suspendido Suárez y al eliminado Ronaldo, por suerte el mundial está lejos de perder jerarquía. Otros goleadores de raza están levantando las apuestas en Las Vegas. Como nunca, Muller, Benzema, Rodríguez, Messi y Neymar la están embocando a fuerza de gambetas, zurdazos y buen juego.

Más allá del fútbol, gracias a Facebook, Twitter, Instagram y a las nuevas tecnologías, este mundial se ha convertido en el más trasversal y democrático de la historia. Millones de seguidores ocasionales, disputan conocimientos y estadísticas como si fueran fanáticos de cada fin de semana y han creado una agradable conversación global, en la que se habla con la misma intensidad sobre mordiscos y penales no cobrados, que sobre modas estrafalarias, torsos y brazos tatuados, o sobre ídolos y marcas, camisetas ceñidas de Puma, Nike y Adidas que remarcan pectorales y abdominales, y botines fucsias y celestes o de arlequín, reservados antes solo para bufones.

Toda esta fiesta mundialista muestra la fortaleza del fútbol como deporte. Pero también sirve para esconder sus pecados. La Fifa con tanto ruido por un mordisco termina beneficiada. Se agazapa y evita dar respuestas sobre temas mucho más importantes que la conducta de los jugadores dentro de la cancha, como el arreglo de sedes, sobornos y ganancias estratosféricas en un país cuyas autoridades fueron incentivadas para manosear dineros públicos en la construcción de estadios con total deshonestidad. 

domingo, 22 de junio de 2014

Niños migrantes:Sueños y pesadillas

El mundo conmovido respiró aliviado cuando supo que la fotografía de Marwan era irreal o fuera de contexto. El niño sirio de cuatro años que fue fotografiado escapando en solitario de la guerra mientras cruzaba la frontera con Jordania, en realidad caminaba rezagado a metros de sus padres.

Pero en nuestro continente esa imagen es real y se repite a diario. Miles de menores centroamericanos de 12 años no acompañados tratan de cruzar la frontera entre México y EE.UU. en busca de su “sueño americano”, empujados por sus padres en los países de origen o por quienes ya viven en el norte.

Lamentablemente para muchos de estos niños los sueños se convierten en pesadillas por obra y gracia de los traficantes de personas que los someten a abusos y explotación sexual. Otros logran pasar la frontera pero son detenidos y sometidos a procesos migratorios traumáticos, depositados en albergues temporales y luego deportados. 

Hasta el momento, la inesperada ola de niños inmigrantes de Guatemala, Honduras y El Salvador sobrepasa la capacidad del gobierno estadounidense, más enfocado en una reforma legal para solucionar el estatus de más de 11 millones de indocumentados, que para atender esta “urgente crisis humanitaria” infantil, como la calificó esta semana el presidente Barack Obama.

No es para menos, en lo que va del año, más de 40 mil niños centroamericanos sin acompañantes fueron aprehendidos en la frontera. Por ello Obama creó una agencia multidisciplinaria para buscar soluciones, preocupado por la tendencia creciente de la crisis. Para fines de año se calcula que la cifra de niños que son detenidos queriendo cruzar la frontera subirá a 60 mil, de los siete mil casos registrados en 2011 y 24 mil en 2013. Se pronostican 150 mil casos para 2015.

Las causas de la inmigración hacia el norte son muchas. Tradicionalmente los movimientos migratorios se originaron por persecución política, crisis económicas y pobreza. Ahora la violencia y la inseguridad se sumaron como factores claves. Los padres prefieren el riesgo y la incertidumbre de la inmigración a la certeza de un presente pobre y violento para sus hijos, que sin opciones, terminan reclutados por narcotraficantes y pandillas juveniles.

Pese a esas causas, los políticos se desgarran las vestiduras. En EE.UU. la oposición republicana culpa al gobierno demócrata de haber suspendido las deportaciones, incentivando la inmigración. Obama prefiere culpar a la oposición por no votar a favor de una reforma migratoria integral y a la violencia incontrolable en la región. Mientras tanto, al sur del Río Bravo, los funcionarios centroamericanos y mexicanos excusan su ineficiencia, acusando a los traficantes que, en su afán por mayor clientela a seis mil dólares por cabeza, propagan rumores sobre que el gobierno estadounidense concederá pronto una amnistía general legalizando a todos los indocumentados del país.

Obama envió al vicepresidente Joe Biden a reunirse esta semana con sus pares centroamericanos, buscando frenar la crisis. Prometió más ayuda humanitaria para mejorar condiciones de vida; pero, sobre todo, dijo que no habrá amnistía y proseguirán las deportaciones, buscando disuadir a padres y traficantes.

El tema es muy complejo. Los gobiernos centroamericanos enfatizan en que quieren un trato humanitario para los menores, que se les permita reencontrarse con sus familiares y se les legalice. En realidad temen que sus padres, indocumentados, también sean deportados y con ello tener que soportar la crisis humanitaria que ahora está del lado de EE.UU. y que, además, se desmorone el mayor ingreso de divisas para Centroamérica que representan los envíos de remesas familiares.

Por ahora, el peso de la crisis recae en la compasión o no que el gobierno estadounidense está dispuesto a sobrellevar y en la adopción de la reforma migratoria.

Sin embargo, no podrá haber soluciones válidas sin el compromiso de México, un país que incentiva la crisis al hacer poco para detener el negocio lucrativo de los traficantes. Un negocio que cuenta con la complicidad de instituciones corruptas y que es responsable, de los robos, secuestros y abusos a lo que se expone el 70 por ciento de los inmigrantes que pasan por ese “corredor de la muerte”, como comúnmente se le denomina a esa travesía hacia el “sueño americano”. 

lunes, 16 de junio de 2014

Este es el Mundial, pero de la corrupción

Si la FIFA fuera un país, Transparencia Internacional la habría ubicado en la lista de los más corruptos del planeta. El solo hecho de que la sede de Catar 2022 fuera vendida al mejor postor, aumenta la percepción de que en este Mundial decanta toda la podredumbre que viene carcomiendo al fútbol desde hace décadas.

Alrededor de la pelota nadie está exento de manchas. Gobiernos brasileños favorecieron a empresas que donaron fondos a campañas electorales, en lugar de usarlos para terminar estadios. En Catar los estadios se construyen con obreros migrantes sumidos en la esclavitud; mientras tanto, las empresas de indumentaria deportiva siguen procesadas judicial y públicamente por explotación laboral infantil.

Varios árbitros amañaron partidos en el Mundial de Sudáfrica y se teme que esa práctica continúe. Directores y futbolistas de varias ligas fueron suspendidos por apostar a favor o en contra de sus propios partidos o, más deshonroso aún, en contra de sus fanáticos. Representantes de jugadores hacen su propio partido traficando estrellas y manoseando contratos, como el de Neymar del Barcelona. Y como broche de oro, el mejor jugador del mundo, Lionel Messi, llega a los vómitos, sospechado de lavar dinero en partidos benéficos de su fundación, después que el año pasado tuvo que calmar al César con cinco millones de euros por evasión fiscal.

Lo de Messi es grave, mucho más que el caso de Maradona que se autodestruyó en lo personal a base de anfetaminas, verborragia y cocaína. Si se confirma lo de la Pulga, se trataría de una autodestrucción profesional, un intríngulis confuso y oscuro, donde están involucrados empresarios, parientes y narcotraficantes, lavando dinero en bancos del Caribe. Una defraudación doble - ilegal y moral - si se considera que la plata habría terminado en bolsillo propio y no en organizaciones de beneficencia, como originalmente se prometió al público que pagó entradas en Perú, Colombia y EE.UU. para verlo jugar.

Casos de deportistas a quienes sus padres malograron sus finanzas no sorprenden, son ejemplo las ex tenistas Steffi Graf y Arantxa Sánchez Vicario. Lo de Messi no está claro aún si el tema pasa por su papá o por una pesquisa fiscal oportuna para desbaratar su cabeza y las posibilidades argentinas.

Messi y su entorno tendrán que aprender que a esta altura de su carrera y fortuna, su salud deportiva depende más de la transparencia administrativa que de la preparación física. Una honestidad que lamentablemente no le enseñan los dirigentes de arriba, amparados por una FIFA que terminó siendo escudo y escondite para los corruptos.

La amañada institución, que ya hedía desde la época de Joao Havelange, ha contagiado y amparado corrupción en todas direcciones. Las primeras investigaciones indican que las sedes de Catar y de Rusia 2018, han sido producto de más de cuatro millones de euros repartidos en sobornos para comprar votos de miembros de asociaciones africanas y caribeñas. El caso ya hundió a algunos dirigentes, pero los peces gordos siguen en la corriente.

La presión es mucha y no es el calor el que hará que Catar (y tal vez Rusia) pierda la sede. Al presidente de la FIFA,  Joseph Blatter, se le está exigiendo una investigación exhaustiva y que muestre cabezas en vez de trofeos al término de este Mundial. Por suerte ya no son solo políticos y futbolistas los que piden transparencia, ahora la demandan Adidas, Visa y Sony, los grandes auspiciantes que no quieren asociar sus marcas al descalabro y al despilfarro.         

A este movimiento todavía no se han sumado otras multinacionales como Coca-Cola, Budwiser, Pepsi o Hyundai, tal vez porque el negocio del fútbol es eso, un gran negocio. Pero si al unísono cortaran los víveres a la FIFA, así como con autoridad les quitaron los auspicios a grandes deportistas por mala conducta, tal los casos de Lance Amstrong, Kobe Bryan, Tiger Woods y Alex Rodríguez, entre otros, seguramente obligarían a la FIFA a rectificar acciones.

A la FIFA se le pide ética y transparencia. Pero difícil será mientras esta no se desprenda de sus privilegios corporativos y no someta a sus agremiados a la justicia ordinaria. Nada cambiará en el fútbol si sigue considerando al soborno, la extorsión y el engaño por resultados como simples faltas éticas, en vez de delitos agravados.

viernes, 13 de junio de 2014

Poca fiesta en Brasil, mucho circo en Venezuela

El Mundial empezó muy mal, con poca fiesta en Sao Paulo, con gradas vacías hasta la patada inicial y con cánticos de “Hey, Dilma, vai tomar no culo” en represalia contra la presidente Dilma Rousseff por un torneo que los brasileños creen que no debería haberse efectuado.

La corrupción política, los reclamos de una masiva clase que todavía cree que la repartija del bienestar es muy desigual y el descalabro por las obras de infraestructura, son parte de la ecuación y del malestar del pueblo.

La bronca, la amargura, el descontento, la indiferencia y las pocas ganas de sonreír cuando la realidad da para llorar, se pusieron de manifiesto en una ceremonia deslucida, ordinaria y desganada. Ni Pitbul, ni Jay Lo, ni Claudia Leitte pudieron levantar una fiesta deslucida que contrastó con la imagen siempre perenne de un Brasil que nos tiene acostumbrados a la alegría desbordada, a la samba contagiosa, al eterno carnaval y su amplia sonrisa hospitalaria.

Con solo un par de comparsas del sambódromo de Río de Janeiro hubiera alcanzado para que la inauguración fuera fiesta y el mundo identificara a Brasil y se sintiera identificado. Probablemente las autoridades hayan querido dar muestras de austeridad en un momento que las papas queman, pero es irrisorio pensar que una fiesta para el mundo podría esconder tanta corrupción como la que desenmascaró este torneo, tanto la del gobierno anfitrión como la de la cúspide de la FIFA, envuelta en eternos escándalos.

Por otro lado, ante la poca fiesta en Brasil,  el contraste mayor en América Latina fue por Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro que sigue haciendo de las suyas en un sempiterno circo al que peligrosamente ya no se le presta atención por reiterativo.
La fiscal (oficial) chavista Luisa Ortega Díaz amplió la persecución de políticos opositores excusándose en aquellos e-mails de María Corina Machado, en los que se interpretó que “aniquilar” a Maduro no era una simple borrada política del mapa del presidente, sino una literal forma de expresar un atentado contra su vida.

A Maduro ya le falta poco para superar a Hugo Chávez en denunciar conspiraciones contra su vida y su gobierno. Y esta vez, prueba en mano, aunque se trate de la falta de seriedad investigativa de presentar como evidencia un par de e-mail, está tratando de crear un caso que le permita desviar la atención política de otros temas que no han desaparecido de la conversación pública: Corrupción, escasez, desabastecimiento, inflación, ineficiencia en la administración de los recursos públicos y persecución contra los privados.

En este circo reiterado pero efectivo para sus fines políticos, el gobierno cursó órdenes a la Interpol para que proceda a la captura de Diego Arria, Pedro Burelli y Ricardo Koesling, todos ellos en el extranjero y citados en los e-mails de Machado, quien deberá presentarse a declarar el lunes en la Fiscalía (oficial).


El despropósito y el circo de Maduro es tan irrisorio como peligroso. Tomando como real su propia mentira, el gobierno sigue ampliando su onda expansiva para aniquilar a la oposición. Y lo está consiguiendo con total invención e impunidad.