sábado, 18 de noviembre de 2017

Almagro: Un David contra Goliat

Luis Almagro asumió en marzo de 2015 las riendas de la Organización de Estados Americanos. Desde el arranque enfiló sus cañones contra el gobierno de Nicolás Maduro, en momentos que todos los gobiernos del continente y del mundo eran indiferentes o guardaban silencio ante las atrocidades del régimen venezolano.

Fue entonces, y todavía ahora, una lucha ciclópea de un David contra Goliat. Maduro mantenía una retórica antiimperialista seduciendo con la idea de la revolución forjada por Hugo Chávez y una billetera todavía amplia para comprar voluntades. Almagro se basó en su eslogan “más derechos para más gente”, obligándose a denunciar a una dictadura disfrazada de oveja.

Al principio, Almagro consiguió más repudios que adhesiones por su mensaje anti chavista. Habiendo sido canciller del izquierdista José Mujica, traidor y burgués renegado fueron los calificativos más benignos que recibió de la izquierda latinoamericana. No le importó. Siguió machacando, y así como el cántaro a la fuente, logró que finalmente muchos gobiernos admitieran que el régimen de Maduro es una dictadura.

“Una dictadura que criminaliza toda forma de disenso” subrayó Almagro ante la Sociedad Interamericana de Prensa al recibir el Gran Premio a la Libertad de Prensa 2017. Fue a fines de octubre, días antes que Maduro aprobara su ansiada ley para encarcelar a los disidentes y neutralizar las críticas en las redes sociales y de los medios independientes.

La ley sanciona el odio, la discriminación y la propaganda, paradójicamente desvalores que practica y promueve el chavismo. A Maduro la ley le servirá para demorar la caída, pero no para evitar el porrazo definitivo. Es cuestión de tiempo.
Tampoco se puede ser ingenuo. Maduro siempre se ingenia las armas adecuadas para retrasar su debacle. Engaña a la oposición y a los negociadores incautos del mundo con procesos de diálogo que nunca cumple. Cierra el Congreso y abre una Asamblea Constituyente que busca inventar la nueva democracia, un atajo para construir un sistema a semejanza de la Cuba gastada y colapsada.

Gracias a su retórica antiimperialista o anti títeres del imperio, de lo que acusa a Almagro o Juan Manuel Santos, consigue salvatajes que le prolongan la vida, pese a ser un narco estado y cometer crímenes de lesa humanidad, evidenciados por la suma de más de 140 muertos como consecuencia de la brutal represión de las protestas públicas.

El salvavidas más audaz lo arrojaron Rusia y China. Estas potencias no se presentaron en una reunión no oficial del Consejo de Seguridad de la ONU, donde se buscaba concertar estrategias para neutralizar la desestabilización que crea el régimen venezolano en la región. Convertido en la piedra en el zapato, Almagro criticó ahí el silencio que todavía se le prodiga al régimen. Responsabilizó a Maduro por las muertes, la pobreza y el sufrimiento de los venezolanos y por ser un “esquema criminal con vínculos con el narcotráfico”.

Rusia no le prestó atención, y pese a la reprobación de la calificadora crediticia Standard & Poors por no pagar la deuda externa, renegoció y dio a Maduro más tiempo. No le servirá de mucho. Venezuela está en bancarrota. Su economía adicta al petróleo ya no produce como antaño, los precios del barril singuen desplomados y el régimen desperdició dos décadas en las que habría podido diversificar la economía, en lugar de haber estado imponiendo ideología a fuerza de petróleo subsidiado o regalado.

Es verdad que esta vez Almagro no consiguió nada en la ONU. Pero es sagaz. Sabe que su prédica constante en otros foros motivó a EE.UU. a disponer de tres olas de sanciones a funcionarios venezolanos y que Canadá y España se sumaran con medidas similares. También esta semana la Unión Europea dispuso impedir la venta de equipos y armas para evitar que sean usados en la represión interna.


Almagro, aunque tenga apariencia de pequeño David ante un enorme Goliat, sabe que el sentido común y la denuncia permanente permitirán cambiar las percepciones y que tarde o temprano, así como las Américas y Europa, el resto del mundo terminará avergonzado por su silencio. Almagro sabe que su misión es cuestión de perseverancia y de seguir luchando por “más derechos para más…” venezolanos. trottiart@gmail.com

domingo, 12 de noviembre de 2017

La búsqueda del silencio

A nadie le gusta ser criticado, menos investigado. El Periodismo tiene ese papel inquisitivo. Investiga y denuncia corrupción, e ilumina los problemas creados por aquellos que no quieren ser señalados para mantener sus estándares de vida y status social.

Ser criticado o señalado genera anticuerpos. Es cierto que muchas veces la prensa abusa dañando imágenes que luego no repara a tiempo y en forma cuando el criticado es exonerado o se descubre su inocencia. También es verdad que, en muchos casos, los señalados se defienden como honestos pese a su mala conducta.

La defensa de los afectados puede ser inofensiva o agresiva, pero siempre busca el silencio. Una forma sutil de callar las críticas es a través de los boicots informativos. El estudio Disney negó que Los Angeles Times tenga acceso a sus premieres porque consideró injustas las críticas a una de sus películas. El mismo criterio ejerció Lionel Messi y sus compañeros de selección cuando un periodista señaló conductas impropias extra deportivas de un jugador.

Existen boicots informativos más agresivos y que dañan el derecho a saber de la sociedad. Muchos presidentes de países y ejecutivos de corporaciones limitan a sus críticos la entrada a las conferencias de prensa. Incluso muchos, a los que no les interesa ser cuestionados, prefieren evitar a la prensa y comunicarse en forma directa a través de las redes sociales. No informan, hacen propaganda.

Donald Trump no es el único que ha acortado su relación con los medios, a los que critica por generar “noticias falsas”. Esa forma de contra crítica también la ejerce Nicolás Maduro y Daniel Ortega, como antes Cristina Kirchner y Rafael Correa. Negaban información al Periodismo crítico e independiente. Asimismo manipulaban datos, informaban por redes sociales, tenían espacios en cadenas nacionales para responder y atacar a sus críticos y hasta compraron periodistas y medios para apuntalar su aparato de propaganda.

Otro tipo de boicot para generar silencio es mortal. A veces en forma autónoma o en connivencia con funcionarios de gobierno, el narco y el crimen organizado matan para defenderse. Este año fueron asesinados 17 periodistas en América Latina – más de 400 en las dos décadas pasadas - la mayoría por haber expuesto excesos de los narcos y de políticos corruptos. En Malta el mes pasado, la periodista investigativa Daphne Caruana Galizia fue volada por los aires por señalar y criticar lo que sus verdugos querían mantener en secreto.

Pese a esta defensa violenta, buscar la verdad a como dé lugar es el norte del Periodismo. De ahí el valor de los casos más resonantes de esta época reflejados en los Panama Papers y los ahora Paradise Papers. Con los nuevos Paradise Papers, que investigaron centenares de periodistas nucleados en el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, muchos trapitos salieron a la luz sobre aquellos que pretendían tener menos exposición de sus bienes, muchos de ellos para no pagar al fisco lo que corresponde. La nueva era digital atrajo la ventaja del periodismo de datos y mayor transparencia. Queda así expuesto que todos somos mortales, desde la reina Isabel de Inglaterra y Shakira, hasta el yerno de Trump, su secretario de Comercio o los ejecutivos de Odebrecht.
Otra forma de silencio se legitima a través de leyes. Esta semana la inconstitucional Asamblea Constituyente de Venezuela creó una ley para abortar de la sociedad el odio, la intolerancia, la discriminación y la propaganda. El principio es loable, si no fuera que el régimen es el que practica esas acciones.

Nicolás Maduro criminaliza así la protesta y la expresión, los derechos más sagrados de una democracia. Impone el silencio mediante penas que llegan hasta los 20 años de cárcel para cualquier ciudadano por protestar en las calles, escribir un editorial u opinar por Twitter. Esta censura legal de estilo castrista desnuda el autoritarismo creciente del régimen.

En definitiva. Existe Periodismo abusivo, malicioso y sensacionalista, pero, más que todo, Periodismo crítico, independiente e investigativo. Y en una época digital hiper informativa, de redes sociales y tantas medias verdades, el Periodismo es el mejor antídoto contra el silencio. Sigue siendo tan vital y necesario como siempre. trottiart@gmail.com


domingo, 5 de noviembre de 2017

Facebook y Google acorraladas por el “rusiagate”

La intromisión de la inteligencia rusa con su propaganda, trolls y post pagados en redes sociales durante la campaña estadounidense con la clara intención de manipular al electorado no solo afectó la credibilidad de las grandes compañías tecnológicas como Facebook, Google y Twitter. También minó la confianza del público y potenció posibles represalias legislativas por parte del Congreso estadounidense.

Aunque todavía falta claridad sobre cómo Washington arremeterá contra la industria, tarde o temprano el cambio llegará. Los legisladores no quieren que las redes censuren contenidos porque podría infringirse la Primera Enmienda, pero tampoco quieren que sigan tan invasivas y dominantes.

La posición de dominio es clara así como el duopolio formado por Facebook y Google, empresas que este año absorberán el 49% de toda la publicidad digital del mundo. Mientras Mark Zuckerberg el miércoles respondía en el Senado sobre la influencia de Facebook en las elecciones, fue informado que tiene 2.1 billones de usuarios y que su ganancia se proyecta en $38 mil millones en este 2017.  Por su parte, Google reportó $3 billones de ingresos entre julio y septiembre.

Aunque en el Congreso todavía existe resistencia para regular al sector, muchos legisladores opinan que el internet y las redes deben tener mayor obligación moral para examinar la información política que se publica, tal como se hace con la pornografía infantil y el terrorismo.

Negada la intromisión por las compañías tecnológicas al principio, admitida luego y confirmada esta semana ante el Congreso, la intrusión fue un duro golpe. Todo un país, ciudadanos, comunicadores y políticos fueron engañados. Y lo peor de todo, a través de las redes sociales y el internet, creaciones que han posicionado a EE.UU. como líder de la industria del conocimiento.

El engaño digital o esta nueva ciberguerra se comparan al efecto sorpresa del ataque terrorista de Setiembre/11 y sus consecuencias. Entonces, los terroristas no solo mataron a más de tres mil civiles inocentes, sino que se burlaron y derribaron el centro de operaciones financiero más importante del planeta. Sin dudas, así como antes, el “rusiagate” digital será un elemento bisagra en la forma que nos comunicamos a partir de ahora.

El contenido propagandístico de los rusos que determinó la (mala) suerte de Hillary Clinton, ya había sido alertado por el FBI. Esta semana solo se confirmaron los hechos cuando las compañías admitieron, aunque un poco a destiempo, que los trolls rusos llegaron a 126 millones de usuarios en EE.UU. y que se usaron más de 2.700 cuentas en Twitter para distribuir noticias falsas y miles de videos por YouTube y Google.

El “rusiagate”, más allá de desenmascarar que Vladimir Putin estuvo detrás del hackeo de correos del Partido Demócrata, desencadenando el arresto de Paul Manafort, exdirector de la campaña de Donald Trump y los eternos desmentidos del Presidente, demuestra que Facebook y Google no solo son canales de distribución de noticias, como ellos quieren ser identificados. Son espacios donde se pueden crear y promover hechos falsos, por lo que les caben responsabilidades como asumen los medios tradicionales.

Las tecnológicas han demostrado que implementan buenas prácticas de autorregulación, pero no parecen ser suficientes para el Congreso. Un nuevo proyecto de ley sobre anuncios políticos les obliga a ser más transparentes con avisos de más de $500. Deberán desclasificar el nombre del comprador, a quienes va dirigido, el costo, el tiempo de duración y mantener un banco de datos histórico con toda la información.
Con o sin regulaciones, lo cierto es que nadie quiere vuelva a ocurrir la intromisión rusa que influenció el destino del país. Se trata de una modalidad de guerra sin armas convencionales, en la que una potencia extranjera manipula a otra usando sus propios métodos. Los escudos para la ciberguerra estaban preparados para detener robos de identidad, intromisión en grillas eléctricas o en sistemas nucleares, pero no para atajar propaganda y noticias falsas a través de las redes y los buscadores de internet.


Ojalá la legislación futura ponga énfasis en temas de publicidad política y no se entrometa en temas informativos que pudieran entorpecer la libertad de expresión. trottiart@gmail.com

jueves, 2 de noviembre de 2017

EL PEOR DE LOS CRÍMENES: Abuso de menores

Hay pocas cosas tan agraviantes como la vejación sexual a la que el depredador en serie Harvey Weinstein sometió a sus colegas mujeres. Sin embargo, en nada se compara a la aberración de los crímenes sexuales cometidos contra niños y menores. 

El abuso sexual de menores, la pederastia y la prostitución y la pornografía infantiles muestran el lado más enfermizo de nuestras sociedades. Ya no se trata de conductas individuales como la Weinstein, sino de la concertación de mafias y carteles de tráfico de niños y de distribución de pornografía infantil, aupada por una vasta red de pedófilos y consumidores que desconoce fronteras y clases sociales.  

Hasta el papa Francisco el mes pasado debió llamar al Vaticano a monseñor Carlos Alberto Capella, diplomático de la Santa Sede en Washington desde que la justicia estadounidense lo acusó de poseer pornografía infantil. La ley criminal del Vaticano penaliza con dos años de cárcel la posesión, aunque la distribución y la producción tienen severos agravantes. Aunque el castigo no es en este caso lo que importa, sino que la Iglesia no haya podido salir con facilidad de los curas abusadores y que Francisco no pueda aplicar todo el rigor de su política de tolerancia cero a la pederastia.

Todos los días aparecen nuevos casos de abusos y de pornografía infantil. Más de cien personas fueron detenidas tras la Operación Luz de la Infancia en 26 estados de Brasil involucradas en producir y vender imágenes de sexo explícito entre niños y entre niños con adultos. Entre los arrestados había un director de una escuela de fútbol, funcionarios públicos, enfermeros y un tipo que se hacía pasar por pediatra para tomar fotos de los chicos. 

La repulsión de las autoridades fue mayor cuando encontraron imágenes de una madre manteniendo sexo con su hijo de once años. También hallaron un manual del pedófilo con indicaciones de cómo conseguir víctimas y un video de dibujos animados que enseña a los niños a que es natural tener sexo con adultos.

La pornografía infantil es un negocio multibillonario expandido en todos los países. El internet y el dark web en la que los consumidores tienen alto grado de seguridad, ha potenciado todos los delitos, en especial aquellos que por su repulsión social, como el abuso infantil, requiere de un alto nivel de sigilo. En la dark web los consumidores pueden participar en chats, foros e intercambiar información sobre sus intereses, promocionar y colaborar en la construcción de nuevos contenidos, además de vender, comprar e intercambiar imágenes.

En el internet, además de la expansión del delito, también los delincuentes han alcanzado un alto grado de sofisticación. En una redada policial en setiembre en EE.UU., Operación Avalancha, las autoridades confiscaron manuales de seguridad para consumidores, en los que se enseñan protocolos de seguridad y encriptación de mensajes para que los usuarios no puedan ser rastreados con facilidad.

La Operación Avalancha, tras dos años de arduas investigaciones, destapó la red más amplia de pornografía infantil hasta el momento. Más de cien personas trabajando desde EE.UU. con webmasters y servidores manejados en Rusia e Indonesia. Desde una casita en Texas, la pareja responsable, Thomas y Janice Reeds, logró tejer una red de más de 250 mil suscriptores. Cada uno pagaba $29.95 dólares por sesiones de descarga, con imágenes con niños de hasta cuatro años de edad. En un solo mes, la pareja embolsó más de un millón cuatrocientos mil dólares en ganancias.

Pese a que los delitos contra menores están descritos en los códigos penales de todos los países, no contemplan la gravedad del problema. A los daños psicológicos causados por el abuso mismo, se suman los causados por el internet, ya que el mundo virtual amplifica y mantiene el delito a perpetuidad. Una vez que las imágenes del abuso se trafican virtualmente es imposible borrarlas, lo que genera adicionales trastornos psíquicos a las víctimas.

Si bien las grandes compañías de internet siguen protocolos estrictos para detectar pornografía infantil, como se puede apreciar en la advertencia que hace Google apenas se inicia una búsqueda sobre el tema, se pone poco énfasis en la educación de los consumidores quienes son, en definitiva, los que alimentan el circuito criminal. trottiart@gmail.com




sábado, 21 de octubre de 2017

Currupción sexual y el #MeToo

El cineasta Harvey Weinstein, el depredador que acosó a decenas de actrices de la talla de Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow y Ashley Judd, avivó el tema de las víctimas de corrupción sexual y el manto de silencio forjado en una profunda cultura machista.

Su caso desnudó que el machismo y sus vicios asociados, abuso y acoso sexual, está tan arraigado en el país como el racismo, la drogadicción y las masacres con armas de fuego. Es una epidemia que se extiende por círculos empresariales, militares y políticos como lo afirman reportes académicos cada vez más lapidarios.

En EE.UU. y probablemente en otras naciones desarrolladas, la corrupción sexual es un problema complejo como la corrupción económica lo es en países en vías de desarrollo. No es que no existen el robo, la estafa o el soborno, pero están más controlados tras décadas de crear conciencia y políticas para frenarlos.

En cambio, en materia de delitos sexuales el nivel de respuesta político y legislativo ha sido lento y débil. Por mucho tiempo todos miraron para otro lado, incluso las víctimas que prefirieron no denunciar a los depredadores por temor a aislarse social y profesionalmente. La actriz Reese Witherspoon lo confirma: “Agentes y productores me hicieron sentir que el silencio era una condición para mi empleo”.

Weinstein, del mismo palo y astilla que el actor y violador en serie Bill Cosby o el prófugo Roman Polanski, se benefició del encubrimiento de sus pares y del silencio impuesto mediante amenazas o arreglos económicos. La misma fórmula se usó con los curas pederastas. Sus jerarcas los reprendían como pecadores, en vez de denunciarlos por criminales.

En comparación a la corrupción económica que se subsana tras el castigo y la recuperación de los bienes robados, la corrupción sexual tiene el agravante que abre heridas en la psiquis de las víctimas que ni se borran ni sanan con el tiempo. Las guerras atestiguan que las violaciones fueron usadas como mecanismo de subyugación de poblaciones enteras.

Los trastornos mentales asociados a los abusos sexuales, depresión, intenciones suicidas, vergüenza y culpabilidad, ahondan el silencio de las víctimas. Solo se animan a denunciar a sus victimarios cuando se dan cambios de contexto.

En el caso Weinstein, el cambio lo provocó la actriz Alyssa Milano cuando denunció su abuso y animó a otros a hacerlo bajo la etiqueta #MeToo (yo también) vía Twitter y Facebook. De inmediato cientos de miles de personas abusadas admitieron su victimización. La actriz Jennifer Lawrence dijo haber estado “atrapada” en un círculo de acoso del que recién pudo salir tras convertirse en celebridad.

También le sucedió a Summer Zervos, una ex concursante del programa de televisión El Aprendiz que en su momento conducía el presidente Donald Trump. Cuando cobró notoriedad como candidato, lo denunció junto a otras mujeres por haberla manoseado. 

Esta semana sus abogados intimaron a la Casa Blanca a entregar notas, tuits, fotografías y cualquier material que incrimine a Trump, incluidas las grabaciones clandestinas en las que alardea y se daba licencia para tocar las partes íntimas de las mujeres por el solo hecho de ser famoso.

Además de reconocimiento y visibilidad como víctimas, la solidaridad de #MeToo y otros movimientos dan a las personas abusadas valor para denunciar y derribar prejuicios sociales que le impedían hacerlo en forma individual. El mismo proceso se vivió en América Latina bajo la etiqueta de #NiUnaMenos, con la que se contagió la denuncia por los feminicidios, la desigualdad de género y la violencia doméstica.

Lo importante de estas tendencias sociales es que permiten crear más conciencia sobre el problema. Además, empoderan a los legisladores y grupos defensores de derechos humanos a generar más políticas públicas y, al mismo tiempo, sirven para para disuadir y restringir a los depredadores.


Ojalá que quienes están detrás de #MeToo y #NiUnaMenos no interpreten que son solo movimientos de catarsis y sanación colectivas. Deben aprovechar para presionar con perseverancia por cambios legales y culturales que limiten a los depredadores. Sería engorroso que la situación se olvide y se tenga que esperar a que aparezca otro Weinstein para reinstalar el tema en la agenda pública y empezar de cero. trottiart@gmail.com

sábado, 14 de octubre de 2017

Adictos a nosotros mismos

Los periodistas y medios de comunicación eran los únicos que hasta hace poco tenían el privilegio de informar, comentar y divulgar fotos y videos. Eran quienes dominaban y motivaban la conversación pública.

Ahora esa conversación se ha amplificado gracias a las redes sociales, aunque no significa que la comunicación haya mejorado. A los diarios, la radio y la televisión siempre se les ha achacado abrumarnos con una versión híper negativa de la realidad, pero las redes no han logrado enmendar esa situación.

Por el contrario, se han convertido en un espejo desvirtuado de la realidad, repletas de ficción tipo reality show, de vidas editadas y retocadas en las que se esconden y disfrazan otros yo. Aún peor, nos han hecho adictos de esa realidad virtual, con sensaciones de bienestar o malestar según la cantidad de likes y aprobación recibida.

En realidad, no son las redes el problema, sino la actitud de proyectar imágenes artificiosas de uno mismo que termina desviándose hacia una adicción tan potente como la que ofrece cualquier alucinógeno. Esa tecno dependencia o uso desmedido de las redes y de su extensión natural, los teléfonos inteligentes, atrajeron otros problemas sociales: accidentes de tránsito, diálogos familiares interrumpidos e improductividad laboral.

Las redes nos desnudan y potencian vicios y virtudes que creíamos en otros. Ya no se puede tirar la primera piedra. Descubrimos que el narcisismo no es solo patrimonio de políticos y celebridades y que los poderosos no son los únicos con aires de superioridad. Somos buenos y malos, y lo exhibimos. Damos consejos, somos coach, mostramos lo que comemos, motivamos con frases de famosos y buscamos en las pantallas lo que a veces se nos dificulta encontrar en la vida presencial.

Desinhibidos virtualmente de lo que nos avergonzaría en la vida real, también mentimos, envidiamos, acosamos y envenenamos. Los memes han transformado el humor en pura burla y sátira. Otros muchos usan las redes para delinquir. Los depredadores, estafadores, acosadores y ladrones de identidad consiguieron un escenario ampliado hasta el infinito.

Llega un punto que tanta información y adicción desgasta, cansa y aburre. Así lo demostró un experimento de la organización danesa The Happiness Research Institute. Se le pidió a un grupo de usuarios no usar Facebook por una semana. El resultado fue asombroso. Sin acceso a Facebook, admitieron sentirse más felices, menos solos y que aprovecharon mejor el tiempo. Interactuaron más, tuvieron más concentración y fueron más eficientes en sus trabajos.

No todo es malo. En columnas anteriores he ponderado hasta el cansancio la vitalidad y pluralidad informativa y social que aportan las redes. Solo basta observar su contribución durante los desastres naturales de los últimos meses. Tras el paso atroz de los huracanes por el Caribe o del terremoto en México, la convocatoria espontánea y organizada en las redes sociales sirvió para reencontrar familiares, buscar víctimas y ayudar a los damnificados. Sin Whatsapp, Messenger, Facebook o Twitter las catástrofes hubieran sido peores.

No obstante, por esa solidaridad y unidad descomunal no se puede perder de vista que las redes también engendran y potencian rumores, noticias falsas y propaganda. No solo el “rusiagate” en la campaña electoral estadounidense mostró esos vicios. En el terremoto de México algunos internautas generaron pánico anunciando más sismos inexistentes o inventaron a Frida, una niña de 12 años atrapada bajo los escombros que nunca existió, pero cuyo rescate mantuvo en vilo a la comunidad internacional por varios días.

Por suerte, las compañías tecnológicas, conscientes de los vicios y abusos, están buscando mejorar la comunicación y proteger a los usuarios. Incorporaron botones de alerta, métodos de prevención y denuncia, y están atentas a nuevas amenazas, desde ataques cibernéticos hasta juegos virtuales como la Ballena Azul que incentiva actitudes suicidas en los adolescentes.


Para salir de esta adicción, apagar las redes de nuestras vidas como plantea el instituto danés es imposible. Lo viable, sin embargo, es tomar conciencia de la tecno dependencia, usar las redes con responsabilidad y no permitir que nos afecte la vida ilusoria y paralela que en ellas se proyecta. trottiart@gmail.com

sábado, 7 de octubre de 2017

Las Vegas: ... con la misma piedra una y otra vez

La masacre en Las Vegas deja la imagen de un país adicto a las armas de fuego que una y otra vez tropieza con la misma piedra y hace poco para prevenirlo.

Stephen Paddok no es el único culpable de la matanza. Da igual si sus móviles encajan en las categorías habituales de enfermo mental, resentido social o extremista ideologizado. La responsabilidad máxima recae en una política que permite comprar y poseer armas personales y rifles de asalto sin restricciones. Las Vegas es solo un tropezón más de tantos otros. Columbine, Newtown, Sandy Hook, Charleston, Tucson, San Bernardino, Dallas, Orlando y Arlington muestran el camino empedrado.

La periodicidad alarmante entre caso y caso ni siquiera resulta suficiente para mantener el debate público y la presión sobre los legisladores. La masacre en el bar Pulse de Orlando el año pasado parecía destinada a ser el punto de inflexión para cambiar la política permisible sobre compra-venta de armas. Pero dispersada la atención, la presión cedió y Orlando se convirtió en una referencia más. Las Vegas tendrá el mismo destino de mantenerse ausente la voluntad política para afrontar la situación.
La restricción legal a las armas no será fácil de imponer. La resistencia de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) a base de lobby millonario se interpone en el debate parlamentario. Los demócratas se excusan que es difícil aprobar leyes con un Congreso dominado por los republicanos, pero nada hicieron cuando fueron mayoría. Difícil también es lidiar con parte de la población que justifica el principio de que “una milicia bien regulada” es necesaria para mantener un Estado libre. Así reza la venerada Segunda Enmienda constitucional, pese a que fue labrada hace dos siglos cuando imperaba la ley del más fuerte y la justicia era tan buscada como el oro.
Sin embargo hay una luz de esperanza. La premeditación horrorosa de Paddock y el hecho de haber utilizado utensilios de 40 dólares para convertir un rifle semiautomático legal en un arma automática ilegal de destrucción masiva, pudiera acercar a ambos partidos. Hasta hace poco estaban distanciados por un debate sobre la venta legal la venta de silenciadores. El proyecto se estancó. Cualquiera puede imaginar cuán más grave habría sido la matanza entre los 22 mil asistentes al concierto de música country si no hubieran escuchado y visto de donde provenían los tiros.
Una legislación que aumentaría las restricciones que ya existen sobre las armas semiautomáticas sería bienvenida, pero insuficiente. Podrán limitarse las ventas a partir de ahora, pero habrá que seguir lidiando con la conducta de una población que tiene registradas más de 270 millones de armas, además de un arsenal ilegal con cifras más escandalosas. No será fácil que EE.UU. deje de ser el campeón mundial de homicidios con armas de fuego, 16 veces más que Alemania o seis más que Canadá. También lo es en tiroteos masivos. The Guardian contabilizó 1.516 casos en 1.735 días en el país.
Los políticos buscan ejemplos para maniatar el problema. Australia asoma en el horizonte. Desde que restringió la venta de armas en 1996 tras un tiroteo masivo, ya no volvieron a repetirse. Habrá que ver que voluntad política tiene Donald Trump para asumir el liderazgo. Hace un par de meses glorificó a la NRA diciéndole que tenía un amigo en la Casa Blanca, en clara alusión a la política anti armas que empuñaba Barack Obama.
En su visita esta semana a Las Vegas, Trump dijo que no era tiempo de hablar sobre armas, pero antes de ser candidato se mostraba partidario de más controles. Con él nunca se sabe. Puede asumirse ambivalente como en Charlottesville, donde en menos de 48 horas estuvo en contra y a favor de los supremacistas blancos. Por ahora, las donaciones de la NRA a su campaña lo mantienen neutralizado.

La ex congresista Gabrielle Giffords, todavía con dificultades para hablar después que le dispararon en la cabeza en un mitin en Tucson en 2011, es la voz más autorizada. Para ella la ecuación es fácil. Las 59 víctimas y más de 500 heridos en Las Vegas reclaman terminar con las excusas de la Segunda Enmienda y que los legisladores asuman la responsabilidad de restringir las armas de fuego: “La nación cuenta con ustedes” les gritó sin silenciador. Habrá que ver si escucharon. trottiart@gmail.com