lunes, 27 de abril de 2015

Cambio climático y de discurso

Barack Obama desembarcó en los humedales cercanos a Miami. Esta vez no vino a recaudar fondos para campañas electorales que ya no tiene, sino a celebrar el Día de la Tierra y con un propósito que lo trasciende: El cambio climático.
Vino decidido a quebrar el discurso de los escépticos, especialmente de sus colegas políticos que todavía niegan que los problemas ambientales sean consecuencia de los gases de efecto invernadero producidos por el hombre.
Uno de ellos es el gobernador de la Florida, Rick Scott, que prohibió a sus funcionarios mencionar el término cambio climático en sus declaraciones, como si evadiendo el tema, el problema desapareciera. En el grupo también están los candidatos republicanos miamenses, Marco Rubio y Jeb Bush, que de llegar a la Casa Blanca en 2016, no podrán evadir el tema que puso en agenda el ex vicepresidente Al Gore.
Las evidencias científicas son cada vez más firmes. La Tierra se está calentando – marzo fue el mes más caliente desde 1880 – y los mares elevando. Aquí en la Florida ya no habrá que esperar décadas para ver los efectos del avance del mar sobre las costas y la salinización de las napas de agua dulce. El proceso hace rato que empezó. Tampoco Miami Beach, así como otras ciudades costeras, tendrá que esperar mucho para que el mar se adueñe de playas y barrios.
Más allá de las evidencias, los políticos parecen ser los más incrédulos. Hacen esfuerzos, pero no suficientes. Para restaurar los pantanos y pastizales de la Florida, los Everglades, se están invirtiendo millones, pero la inversión pudiera caer en saco roto. El gobernador y los legisladores rechazaron un proyecto votado por la ciudadanía que demandaba comprar 30 mil hectáreas de campos a los agricultores, para que funcionaran como filtro natural para luchar contra la erosión y la contaminación que producen plantaciones de caña de azúcar e ingenios azucareros.
La evidencia política es que los intereses de los agricultores, urbanizadores y cabilderos pudieron más que los legisladores. El resultado: Cada vez es más difícil implementar estrategias públicas para cuidar la fuente de agua de más de ocho millones de personas.
Es justo decir que pese a este atraso, la visita de Obama fue un buen bálsamo para la zona. Fue concreto y se explayó en la necesidad de mantener saludable a los pantanos como fuente de agua dulce, pero también como motor económico dentro de un ecosistema de parques a nivel nacional que aporta 277 mil empleos y más de 15 mil millones de dólares a las economías de ciudades aledañas.
La Florida no está sola respecto a la degradación de los humedales. En América Latina los pantanos también son víctimas de la sobreexplotación ganadera, forestal y de la urbanización sin regulaciones. Se calcula que 300 millones de personas están siendo afectados por la ruptura de los ciclos medioambientales que aumenta la erosión de los suelos y los riesgos de inundaciones. Problemas de salud pública, pobreza y pérdida de la biodiversidad agravan más la situación.
A pesar de las observaciones de Obama, la pugna de discursos políticos que se desató con su visita del miércoles al sur de la Florida, demuestra que el escepticismo todavía tiene suelo fértil donde crecer. “Ya no se puede negar el cambio climático” repitió el Presidente durante su recorrido. Fue una buena forma de acusar de miope al gobernador y de responder a quienes todavía piensan que el problema ambiental se debe a los ciclos naturales de calentamiento y enfriamiento de la corteza terrestre.
De todos modos, pese a sus buenas prédicas, el gobierno estadounidense no está alcanzando los objetivos de descontaminación que estableció Naciones Unidas. Tampoco China y la Unión Europea están cumpliendo. Y los plazos autoimpuestos por todos para el 2020 y el 2030, demuestran que los gobiernos, por mucho que se esfuercen en sus discursos, no ven al cambio climático con la urgencia e importancias debidas.
Aquellos gobiernos y políticos que le dan la espalda al medio ambiente o que se dejan tironear por los intereses de los grupos de poder, no advierten que los efectos del cambio climático son difíciles de revertir. Mucho menos parece importarles, que las generaciones futuras tengan que lidiar con las consecuencias de un problema que no causaron. 

lunes, 20 de abril de 2015

Conocer los hechos

El Newseum o museo de las noticias en Washington es un homenaje a las libertades de prensa y expresión, disciplinas a las que valora esenciales para que exista democracia.

Los grandes avances de la humanidad y las batallas contra la opresión inundan los pasillos. Un pedazo del muro de Berlín, la imprenta de Gutemberg, utensilios de tortura, el primer satélite de comunicación, la antena de las Torres Gemelas, tapas de diarios anunciando la llegada a la Luna, el desembarco en Normandía, la destrucción de Auschwitz, el asesinato de Martin Luther King… Pero de entre todo, se destaca una simple frase sobre una pared lateral. Pertenece a Abraham Lincoln, y dice: “Que la gente conozca los hechos, y el país estará a salvo”.

Simple. Soberbia. Contundente. La volví a recordar cuando esta semana leí un artículo del diario La Nación de Buenos Aires. Trata sobre cómo el gobierno argentino intervino el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en 2007 y desde entonces se dio a la tarea de manipular datos económicos.

A través del entonces temible secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el gobierno inventó mentiras, falseó datos de la inflación y de ahí generó una cascada de datos erróneos que desdibujaron  los datos de la pobreza, indigencia y crecimiento. 

Peor aún, generó desconfianza e incredulidad, valores políticos que un gobierno necesita custodiar a rajatabla, porque tienen impacto directo en lo económico, tanto en la atracción de inversiones como en la búsqueda de crédito internacional.
La denuncia de La Nación es periodismo de alto vuelo. Desnuda a un gobierno mentiroso que degradó a un Instituto que hasta entonces era modelo de eficiencia en América Latina. Muestra como los intereses del gobierno se antepusieron a los de Estado y nación, y a los de los ciudadanos que solo confían sus votos para que se administre la cosa pública, no para que se aprovechen de ella.

Escondiendo pobres, inflación y sin estadísticas confiables, ningún país serio puede crear estrategias de crecimiento. La evaporación forzosa de pobres, no desparece el problema, lo potencia. Sin datos no se pueden crear medidas paliativas; de ahí que la falta de estrategia deriva en asistencialismo, dádivas y corrupción.

Es cierto que en todos lados se cuecen habas. En este país del Newseum, también Barack Obama tiene un largo historial de ocultar información y es criticado por clasificar mucha de ella como top secret, para así alejarla legalmente del público por 30 años. Sin embargo, lo importante de la democracia estadounidense, es que la frase de Lincoln está imbuida en su cultura. El gobierno debe entregar información de interés público, sino todo el peso de los ciudadanos y los tribunales cae a través de la ley de acceso a la información pública de 1966, que penaliza a aquel funcionario que no atiende una petición o niega entregar datos.

Cuando este tipo de leyes no existe o el Estado no se siente obligado a responder, como en el caso argentino, la democracia se hace débil. Sin datos, con la verdad manipulada, el gobierno se siente a sus anchas para cometer más abusos y lo puede hacer con total impunidad. La relación estrecha entre mala o poca información, corrupción y nivel democrático, se puede observar claramente en los índices anuales que proporciona Transparencia Internacional.

Notas como las de La Nación serían un lujo en países con menos niveles de democracia que Argentina. Ese artículo no lo podría publicar un diario como El Nacional de Caracas, o si lo hiciera debería atenerse a las consecuencias. Por denuncias menos profundas, el gobierno de Nicolás Maduro ha adoptado contra ese y otros diarios críticos e independientes, todo tipo de restricciones y represalias. La medida más creativa y drástica que sobrepasó la burda censura legal y judicial es haberle cortado el suministro de papel y otros insumos para la producción.

Es obvio que El Nacional y otros diarios languidecen; pero también la democracia. Cuando el gobierno trata de que el periodismo sea de menos calidad, cuando impide que los ciudadanos puedan acceder a información pública, cuando manipula los datos reales, cuando va a contramano de la simple enseñanza de Abrahan Lincoln, la democracia y todo un país, jamás podrán estar a salvo. 

domingo, 12 de abril de 2015

Los nuevos fiscales de la democracia

La VII Cumbre de las Américas que terminó este sábado en Panamá tal vez no arrojó éxitos resonantes, pero puso en evidencia el nuevo y saludable papel que podrían jugar a futuro los expresidentes latinoamericanos: Fiscales de la democracia.

No todos los expresidentes tienen la altura  moral necesaria. Muchos están presos o fueron cuestionados por abusos de poder y corrupción. Varios son oportunistas y utilizan la ocasión para seguir fulgurando en el vasto firmamento de la política. Algunos, como el panameño Ricardo Martnelli, se auto exiliaron para evitar la cárcel; y otros, que pronto dejarán el cargo, están desesperados en busca de blindajes para evitar los tribunales, como el caso de Cristina Kirchner. Tampoco se augura buen futuro para presidentes reelegidos como Michel Bachelet y Dilma Rousseff, a juzgar por los casos resonantes de corrupción que las envuelven.

Pero lo cierto es que por primera vez en una Cumbre, un grupo de exmandatarios, que responden a distintas tendencias e ideologías, se unieron en torno a una causa común: La defensa de la democracia en Venezuela.

Los atropellos a la democracia no son nuevos en el país petrolero, pero es la primera vez que en un escenario de jerarquía política se le acusa a Nicolás Maduro de no cumplir con los mínimos estándares internacionales: Falta de independencia de la Justicia, censura a medios de comunicación y elecciones “justas y libres” son los pecados. Está comprobado que el chavismo siempre usó a la Justicia para perseguir a opositores y críticos, hostigar a periodistas y amañar elecciones.

Los 23 expresidentes latinoamericanos y dos españoles, entre ellos, Alvaro Uribe, Felipe Calderón, Vicente Fox, Sebastián Piñera, Felipe González y José María Aznar, reclamaron en su documento por la liberación de los presos políticos, en especial por los casos más conocidos, como el de los alcaldes opositores, Leopoldo López y Antonio Ledezma, que se han convertido en la imagen más visible de la opresión del gobierno de Maduro.

Pese a lo positivo y noble de la actitud política, se debe aclarar que se trata solo de un gesto, pero no de un acto de gobierno, como la comunidad internacional viene pidiendo. De ahí las críticas que se le hicieron al secretario general de la OEA, ahora en retirada, José Miguel Insulza, por haberse comportado muy insulso e indiferente ante jefes de Estado tan avasallantes como Maduro o su antecesor.

Unas críticas fundamentadas que también se hacen a los gobiernos actuales que parecen mirar de costado cuando se viola la Carta Interamericana Democrática, un documento consensuado años atrás y que los obliga a responder con decisión cuando se violan preceptos democráticos en cualquier país.

Se trata de un silencio cómplice del que también formaron parte los exmandatarios que hoy son fiscales de la democracia. Uno se pregunta ¿por qué no reaccionaron con la misma vehemencia cuando el chavismo cometía los mismos abusos mientras ellos eran gobiernos? ¿Por qué callaron por décadas sobre las permanentes violaciones a los derechos humanos del régimen de los hermanos Castro?

No hubo respuestas concretas a una Carta Democrática que reclama que la defensa de la democracia sea una postura de Estado, de gobierno, no de expresidentes. Existe en todo esto, además, mucha hipocresía. En especial cuando se observa cómo desde todos los sectores le llovieron críticas al gobierno de Barack Obama, que lejos de solo expresar repudio a las violaciones de los derechos humanos en Venezuela, tomó acción, sancionando a siete funcionarios por los asesinatos impunes de varios estudiantes venezolanos durante las escaramuzas del año pasado.

En realidad, el gobierno de Barack Obama es, por ahora, el único que no puede ser señalado de complicidad por omisión sobre los abusos de Maduro. Esto, pese a que Maduro lo tilde de injerencista y de entrometerse en asuntos internos, tratando de desviar la atención con un giro propagandístico que incluye 10 millones de firmas para rechazar la actitud del gobierno estadounidense.

Ante esta omisión cómplice de los gobiernos latinoamericanos para defender la democracia, cobra trascendencia la actitud de los expresidentes, de ser fiscales de Venezuela y cumplir con una Carta Interamericana Democrática que hasta ahora solo tuvo fines decorativos. 

lunes, 6 de abril de 2015

Cuba: la fruta prohibida

Cuba es una isla, con el agravante de que el comunismo castrista y el embargo estadounidense la aislaron aún más en los últimos 50 años. Sin embargo, las nuevas relaciones con el gobierno de Barack Obama la han proyectado como la fruta prohibida que todos quieren saborear.

Los beneficios y desventajas del aislamiento de la sociedad cubana dependen del observador. El extranjero la ve como una sociedad oprimida, fracasada y pobre. El gobierno cubano la muestra impoluta, con buena salud, alfabetizada y sin las imperfecciones que atrae el capital: narcotráfico, criminalidad y consumismo alienado.

No obstante, para que Cuba se integre y sea continental, el camino está lleno de piedras. Las más grandes tienen que ver con un sistema político que no se concibe fuera del monopolio del Estado; cuya Constitución no reconoce las libertades del individuo, sean de asociación, reunión o de expresión.

Otras trabas son de orden económico, por más que hace tiempo Raúl Castro esté lidiando con reformas económicas que no terminan de cuajar. Cree en abrir el mercado, pero manteniendo el férreo control estatal, desconociendo que se necesita un sector privado vigoroso y libre para alcanzar competencia e innovación.

Cuba prefiere el sistema chino, con un capitalismo controlado y sin libertades políticas, tal como Beijing lo viene demostrando y lo confirmó con Hong Kong. Hasta para lograr esto, los Castro tendrán que confiar el cuentapropismo a sus ciudadanos y que varias compañías privadas peleen por el mercado. Un mal ejemplo lo ofrece la primera telefónica que desembarcó en esta nueva era. Es única y debe trabajar en sociedad con la estatal e ineficiente Etecsa. Sin competencia, las tarifas serán caras, el desarrollo escaso y no se avizora buen futuro para el internet como pretende la ONU; que la conexión en los hogares sea del 50% para 2020, del 4% actual. Una quimera.

En el terreno político las esperanzas son menores. Cuba no está ofreciendo multipartidismo, elecciones libres ni libertad de reunión ni de expresión. Esto representa un gran desafío para el Congreso de EEUU que debe ser coherente con sus políticas y sanciones, pese a los anuncios de Obama de abrir embajadas y considerar retirar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo.

El problema es que Cuba fue y sigue siendo una cárcel. Solo a un puñado de personas se les permite entrar y salir; hasta los “embajadores” – músicos, bailarines, deportistas – suelen desertar. La diáspora cubana está compuesta por los movimientos Peter Pan y Mariel, la lotería de visas de EEUU que beneficia a 20 mil personas por año, los que escaparon en balsas improvisadas a través del Estrecho de la Florida y los miles que murieron en el intento.

Este desgarro no permite a los cubanoamericanos olvidar el pasado, aunque empiezan a acostumbrarse a la idea de una Cuba libre. Una encuesta conocida esta semana muestra que el apoyo de los cubanoamericanos saltó del 48% en diciembre, apenas se anunció el acuerdo político, al 69% actual. Los mayores de 65 años, aquellos que optaron por irse o fueron expulsados apenas Fidel Castro bajó de la Sierra Maestra, son los más resistentes al cambio. Sin embargo, la mayoría no quiere ni viajar ni invertir en la isla hasta que los Castro no hayan desaparecido. Nadie confía.

Las conversaciones de esta semana entre funcionarios de ambos países estuvieron enfocadas en las violaciones a los derechos humanos. A ninguno le fue bien. EEUU no consigue promesas de apertura y Cuba insiste en su estrategia de reciprocidad. Quiere que EEUU reconozca sus propias violaciones, sin entender que lo que está en juego es la transparencia. En EEUU todo es público y a debate, gracias a un periodismo libre, una sociedad acostumbrada a la autocrítica y a que se acepta la protesta y la rebelión. El problema en Cuba es el secretismo, la censura y que no se acepte la supervisión internacional sobre los derechos humanos.

La VII Cumbre de las Américas en Panamá servirá de termómetro. Habrá que observar si Raúl juega con sus aliados y quiere mantenerse como la fruta prohibida que le dio tantos réditos políticos externos como miseria interna o si, fiel a los acuerdos con Obama, anunciará reformas políticas para insertarse en el continente. Ya no tiene excusas. Es hora de definiciones. 

jueves, 2 de abril de 2015

Silencio cómplice sobre Venezuela

Hace rato que la democracia dejó de ser real en Venezuela; solo existe en apariencias. El régimen de Nicolás Maduro mantiene los procesos electorales y se aferra a su discurso antiimperialista para distraer la atención sobre la creciente inestabilidad.

Con elecciones y retórica, sin embargo, no le alcanza para esconder lo obvio: Violaciones sistemáticas a los derechos humanos, Congreso inoperante, Justicia incautada y opresión de las libertades políticas y de expresión; todo esto sumado a la desorientación del venezolano que se ve cada vez más reflejado en la miseria cubana.

Pese a todo, Maduro, así como su antecesor, se las ha ingeniado para comprar silencio. Generó censura y autocensura a fuerza de denunciar conspiraciones y golpes de Estado. Es que el silencio es para el chavismo parte esencial de su política de comunicación. Quienes desafían al régimen a nivel interno terminan golpeados, perseguidos, encarcelados y hasta denunciados y controlados por las milicias populares. Hacia afuera, su dispendiosa generosidad petrolera le ganó aliados, mientras el Alba, Unasur, Celac y Petro Caribe, organismos creados a imagen y semejanza, le sirvieron de autodefensa.

Muy pocos se atreven a criticar abiertamente a Maduro por estas razones, las mismas que supo aupar Fidel Castro por más de medio siglo. Pero está visto que Maduro no es Hugo Chávez ni Raúl es Fidel, de ahí que hasta los intelectuales de izquierda estén cautos y a la expectativa de lo que pase. Todos pueden celebrar cierta retórica antiyanqui, como la disparó en estos días el presidente ecuatoriano Rafael Correa, pero nadie puede justificar que los alcaldes opositores Leopoldo López, Antonio Ledesma y Daniel Ceballos sigan presos por rebelión y conspiración.

Los ruidos en contra de Maduro son cada vez más fuertes. Esta semana cosechó varios de importancia, como la del premio Nobel, Mario Vargas Llosa, quien arremetió contra los gobiernos más democráticos de la región, por guardar el mismo silencio que aquellos aliados del chavismo. Pero la voz más decidida surgió en España, cuando Felipe González anunció que asumía la defensa de López y Ledezma.

La decisión de González apareció en el momento justo. Desorientó a Maduro que por semanas ya venía construyendo toda una batahola contra el gobierno de Barack Obama tras haber sancionado a siete autoridades venezolanas por violación a los derechos humanos. Ingenioso con las palabras rimbombantes, Maduro aprovechó el “bad timing” de EEUU para petardear el protagonismo que Obama y Castro tendrían en la próxima Cumbre de las Américas en Panamá, después de que ambos países reiniciaron las relaciones diplomáticas.

Además de desencajar a Maduro, lo de González sirvió para marcarle la cancha a los gobernantes latinoamericanos y crearle, al menos, cierta vergüenza pública por no criticar el totalitarismo cada vez más arraigado en Venezuela. Y pese a que el ex presidente colombiano, Ernesto Samper, ahora al frente del Unasur, siga criticando a EEUU por su injerencia en asuntos internos, todo gobernante sabe que las violaciones a los derechos humanos deben denunciarse aquí y en la china, porque escapan a temas de soberanía nacional como lo indican los tratados internacionales.

Es por demás sabido que EEUU, con sus políticas expresas y sus omisiones, es responsable de muchos desmanes así como de grandes avances en América Latina. Pero en este caso de las sanciones, es innegable que se ha convertido en una gran voz y la única de un gobierno en ejercicio para criticar y actuar en contra de los violadores de derechos humanos. Y aunque ahora el proceso parezca tortuoso, en el futuro, cuando se lea la historia, se podrá diferenciar a quienes quedaron callados de los que sintieron la responsabilidad de denunciar.

Además de lo meritorio por asumir la defensa de presos políticos, lo de González es relevante porque ilumina el deterioro democrático de Venezuela. Anima a muchos a salir al ruedo; pero, principalmente, aísla aún más a Maduro, que había aprovechado las sanciones de Obama para retomar las banderas del nacionalismo, realizar ejercicios militares y, lo más peligroso, legislar de espaldas al Congreso mediante una “ley habilitante antiimperialista” con la que volverá a limitar a la Justicia y controlar todavía más a los ciudadanos venezolanos. 

domingo, 22 de marzo de 2015

Supermujeres

Atribulada por la corrupción galopante, las protestas sociales y la caída precipitosa de popularidad, Dilma Rousseff se desdibujó como la heroína que podía catapultar el papel de la mujer brasileña a otras alturas.

Su historia de joven revolucionaria, sufrida por las torturas y conquistadora de multitudes, era buen precedente, pero ahora resulta insuficiente. A no ser que revolucione con leyes anticorrupción más estrictas y encarcele a todos los corruptos que deambulan la órbita del poder, Dilma difícilmente podrá reivindicarse como líder y a su género.

Una lástima. La trituradora de la política ha debilitado su liderazgo en la lucha contra la violencia de género. Como en muchos otros países, tal el caso de Guatemala, India y México, donde los feminicidios son cosa de todos los días, Brasil tampoco es paraíso para las mujeres. Cada 90 minutos una es víctima de violencia.

Todo esto, pese a que semanas atrás, cuando Madonna denunciaba a capa y espada que “las mujeres seguimos siendo el grupo más marginal” y que “los derechos de los gais han progresado más” que el de las mujeres, en Brasil se aprobaba una ley importante, que considera un agravante el homicidio por violencia de género, elevando las penas a 30 años de cárcel.

Madonna, más allá de las controversias que desata, es una de estas supermujeres que constantemente reivindica el papel de sus pares en la sociedad. Pero no todas lo pueden hacer como ella desde posiciones privilegiadas. Muchas lo hacen como amas de casa o madres, para quienes no hay premios ni reconocimientos; como monjas de clausura incomprendidas; o como periodistas, científicas o ejecutivas con mayor capacidad que los hombres, pero por menos paga, como lo reclamó ovacionada la actriz Patricia Arquette en la gala de los premios Oscar.

Confieso que no me generan tanta admiración una ejecutiva o una premio Nobel como aquellas más vulnerables que se exponen a las arbitrariedades. Como una refugiada que deja todo con tal de salvar a sus hijos de una guerra; como la ama de casa pobre que con esfuerzo cose para afuera; como aquella que sigue los pasos de la Madre Teresa a favor de pobres y enfermos; o como Dilma y tantas otras, que no tuvieron más remedio que sobreponerse a su desgraciado destino y pelear contra la opresión.

Muchas son las heroínas que se la juegan a diario. Cinco de ellas están en China, todavía encarceladas desde que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, quisieron lanzar una campaña con folletos y pegatinas en contra del acoso sexual en el transporte público. Las procesaron acusándolas de “provocar disturbios”, cuando solo pretendían crear conciencia pública sobre este tipo de abusos que en India, y en varias ciudades de Latinoamérica, suelen alcanzar el grado de violación y asesinato. La desproporción de fuerzas fue un mensaje. Las autoridades quisieron silenciar a una minoría política que busca crear una ley contra la violencia doméstica y el acoso sexual, y evitar así que la mala imagen de China se propague por doquier.

En América Latina también existen supermujeres que deben luchar contra la opresión diaria. Una de ellas es la periodista cubana Yoani Sánchez cuya imagen humilde y frágil a primera vista, esconde la determinación y valentía con la que se opuso al régimen castrista, combatió la censura y se sobrepuso a los golpes y al desprestigio cotidiano. Una heroína que se abrió paso con su pluma y sus gritos por libertad en su blog Generación Y y en 14ymedio, el primer diario digital estructurado e independiente.

Cuando uno da nombres y ejemplos, corre el riesgo de omitir muchos. En mi caso sería injusto que no reconociera a quien considero mis dos supermujeres, quienes más me han influenciado y que hicieron y hacen una diferencia en mi mundo: Mi madre y mi esposa.

A mi mamá la Tota le debo lo que soy;  hace mucho que se fue, pero su espíritu vive sin tiempo ni espacio en todo mí ser. A mi esposa Graciela, después de 30 años de casados, cumplidos este 20 de marzo, le debo todo lo demás: Nuestros hijos, lo que ellos son y lo que yo aprendí a ser. Esa es su obra más generosa, sin egoísmos, habiendo postergado sus sueños personales para abrazar los nuestros. A ambas les estaré siempre en deuda y muy agradecido. 

viernes, 20 de marzo de 2015

Ingenuidad política de EEUU: Venezuela revivió

Es difícil no enojarse con las políticas de EEUU que muchas veces han pecado por ser bruscas y otras veces por ingenuas o, al menos, que no tengan el timing adecuado, transformándose en desacertadas por decir lo mínimo.

Sin dudas un nuevo caso es el de haber declarado a Venezuela una amenaza para la seguridad nacional. Si bien EEUU puede tener las justificaciones para sancionar a siete funcionarios venezolanos por violación a los derechos humanos, y que haya tenido que técnicamente usar una ley que exige la figura de la amenaza a la seguridad nacional para explicar el porqué de las sanciones, lo que quedó en el ambiente es que la política exterior estadounidense ha desaprovechado el viento de cola que traía con las nuevas relaciones diplomáticas con Cuba.

EEUU estaba en inmejorable posición para llegar a la VII Cumbre de las Américas que se celebrará el 11 de abril en Panamá, tras el anuncio y las posteriores negociaciones con Cuba sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. El repentino anuncio hecho por Barack Obama y Raúl Castro al unísono el 17 de diciembre, de golpe y porrazo dejó a Venezuela y su mandamás, Nicolás Maduro, totalmente descolocado. Entonces pareció ser una obra maestra de la política estadounidense, obligando a un cambio de paradigmas en la geopolítica del continente americano.

Pero así como aquella decisión tuvo un golpe de efecto virtuoso y asomaba como un hito que replantearía la agenda menos antiimperialista de todas las Cumbres de las Américas anteriores, el bad timing de las medidas anunciadas contra Venezuela, retrotraen la agenda a la situación de entonces.

Aunque las sanciones contra los siete funcionarios pueden estar justificadas, los funcionarios de la política exterior estadounidense tendrán que esforzarse al máximo para neutralizar la propaganda de Maduro. Ni lerdo ni perezoso, era fácil advertir que volvería al ruedo internacional con la parafernalia propagandística del chavismo que tantos éxitos le dio en el pasado para desviar la atención sobre sus problemas internos galopantes: inflación, desempleo, escasez, violencia e inseguridad, por hablar de algunos.


EEUU le dio suero y vida a un Maduro que estaba en terapia intensiva. Maduro irá renovado a la Cumbre, encumbrado, además, por un montón de líderes regionales que si bien antes mantuvieron silencio por la situación antidemocrática en Venezuela, ahora se verán obligados a declarar su apoyo al régimen.  Y aunque todo parezca un acto de gran hipocresía, EEUU empoderó esta situación.