viernes, 13 de enero de 2012

Primarias casi decididas


Hola a todos nuevamente. Me reintegro hoy a mi blog después de unos días de vacaciones y les agradezco que hayan seguido visitándome. Descansé y solo me dediqué a escribir mi columna semanal, que ahora comparto con ustedes sobre las elecciones primarias del Partido Republicano. Es la que se publicó el fin de semana pasado por lo que está un poco desfasada respecto a las primarias que se celebraron este martes en New Hampshire. Igualmente considero que tiene validez ya que trato el tema sobre lo que podría suceder en enero y sobre el enfoque que deberían tener los republicanos si quieren sacar del poder a Barack Obama.

Titulé la columna “Es (otra vez) la economía, estúpido”.

“El presidente Barack Obama está en aprietos ahora que arrancó el proceso electoral del Partido Republicano rumbo a noviembre. Todavía no tiene contrincante a quien dirigir sus mejores dardos y su flanco más débil, la economía, ya se transformó en el arma preferida de los candidatos que hasta hace días se dedicaban a aglutinar votos conservadores con argumentos divisorios sobre aborto, matrimonios del mismo sexo e interpretaciones bíblicas sobre cómo deberían ser los sistemas de salud y educación.
 
Es difícil predecir si emergerá pronto el contendiente del presidente Obama en el larguísimo proceso electoral republicano que se inició esta semana en el estado de Iowa y terminará en agosto en Florida con la Convención Nacional. Pero por lo que escuchó apenas terminado Iowa, en boca de los dos mejor posicionados, Mitt Romney, ex gobernador de Massachusetts, y Rick Santorum, ex senador por Pensilvania, Obama ya puede adivinar que lo acusarán de todo en materia económica, en especial, por crear un gobierno grande, deficitario y consumidor de recursos e impuestos.

Los candidatos republicanos, después de meses de necia lucha fratricida en la que compitieron para ver quien se mostraba más conservador, saben que para retomar la Presidencia no tienen otra alternativa que apuntar al talón de Aquiles del gobierno, como hizo el ex presidente demócrata Bill Clinton en 1992 para arrebatarle la Casa Blanca a George H. W. Bush. Por aquel entonces, la reelección de Bush parecía asegurada por sus éxitos en materia de relaciones exteriores, hasta que Clinton, con su lema es “la economía, estúpido”, puso en el tapete lo que más importa y moviliza a los electores durante una recesión.

Después de tres años, Obama hace agua, por más que insista en acusar a los republicanos de obstrucción y del lastre del pasado. En encuestas recientes, los economistas lo acusan de poca maniobrabilidad para sacar al país adelante y predicen que su reelección no está garantizada. Las críticas son muchas. La economía no ha repuntado, el déficit se ha incrementado, los paquetes de estímulo fueron insuficientes o mal diseñados, el mercado de la vivienda sigue deprimido, la confianza del consumidor sigue en baja y, lo peor, no resolvió el grave problema del desempleo, todavía por arriba del 8%, una cifra que no le ha permitido a ningún presidente ganar una reelección.

Obama preferiría que el candidato republicano quede definido en las elecciones de este próximo martes en New Hampshire o en las de 21 de enero en Carolina del Sur o por lo menos para el 31 en la Florida. De esa forma, ya tendría un blanco directo de carne y hueso y no tendría que estar culpando a grupos abstractos de senadores y diputados republicanos por obstruir todos sus planes para sacar al país de la recesión.

Pero pese a que el mormón Romney y el católico Santorum en Iowa picaron en delantera, y que el gobernador de Texas, Rick Perry y la congresista Michel Bachmann abandonaron la carrera, no se puede descartar a los demás, como John Huntsman o el diputado Ron Paul, o tampoco al ex presidente de la Cámara de Diputados, Newt Gingrich, quien salió cuarto, el mismo puesto que obtuvo el senador John McCain en 2008, para ganar luego New Hampshire y otros 30 estados, con el 72,5 por ciento de los delegados necesarios para obtener la nominación.

Sin un proceso electoral directo en el que competir, Obama se siente como un maratonista en buen estado atlético al que no le permiten correr. Pero político al fin, usará cada acto de gobierno para recordar que es un hombre de palabra. Con la repatriación de soldados desde Irak, machacará de ahora en más con su lema “Promesas hechas, promesas cumplidas”, suplantando al “Sí se puede” del 2008. Mientras tanto, está por iniciar su campaña “No podemos esperar”, con la que piensa “repatriar” a los jóvenes desempleados y desilusionados, a quienes promete 180 mil empleos para el verano próximo.

Como Clinton en 1992, el presidente Obama y los republicanos saben que la economía es otra vez la clave para ganar las elecciones. La estupidez, sería que queden en deuda con otros temas también importantes como inmigración, salud y educación”.