viernes, 20 de mayo de 2011

Maradona se asombra, pero no ve


Hay algo que me llamó mucho la atención en estos días. Diego Maradona fue contratado esta semana por el equipo Al Wasl de los Emiratos Árabes Unidos. Cuando llegó a Dubai, desde Chechenia y tras firmar un contrato millonario por dos años, no pudo dejar de asombrarse por su próximo país de residencia. Quedó atónito, maravillado, encandilado, reconociendo el avance de estos reinos árabes que han sido construidos desde la nada, desde las arenas del desierto, gracias al dinero del petróleo y al gran sentido de planificación.

La planificación ha hecho que se conviertan en verdaderos oasis, en países desarrollados. Para ello invirtieron en arquitectura, urbanización, ingeniería, en mega construcciones e infraestructura de comunicación, tanto física como virtual. También atrajeron filiales de las mejores universidades del mundo occidental, desde la estadounidense Northwestern hasta la inglesa Oxford, para que sus nativos puedan estudiar y desarrollarse. También invirtieron en cultura, atrayendo filiales de grandes museos, como el francés Louvre y el Guggenheim. Los hospitales son de primera. Las escuelas también.

Pienso en toda esa plata bien invertida. Todos esos recursos para que los ciudadanos vivan mejor y sean mejores a futuro. Y vuelvo de nuevo a Maradona, un gran defensor de causas perdidas, como el caso de la Cuba de los Castro y la Venezuela de Hugo Chávez. Y pienso sino sería bueno que Maradona lo visite a Chávez antes de regresar a Argentina. Que le cuente todo lo que podría hacer con semejantes ingresos del petróleo; y que le sea sincero, que le diga cuán importante es vivir en un país desarrollado. Que se anime a decirle a Chávez que su gran desgracia es que no sabe administrar los incalculables ingresos del petróleo; que lo único que sabe hacer es administrar la pobreza, pero que el verdadero desafío es administrar la riqueza, sin despilfarrarla.

Me dirán que Maradona no es quien para dar consejos porque él también se ha dedicado al despilfarro. Pero hay una gran diferencia. La plata de Maradona es de él; la de Chávez, en cambio, le pertenece a cada venezolano. Maradona no roba, Chávez sí.

¿Y las fotografías de Osama Bin Laden?

La decisión del presidente Barack Obama de no hacer públicas las fotografías del cadáver de Osama bin Laden puede parecer una acción de genuina prudencia; sin embargo, revela una tendencia a la poca transparencia que ha marcado su Presidencia.
Obama justificó su decisión en que las imágenes que muestran el cuerpo del líder de Al Qaeda con un disparo en el pecho y otro en la cabeza podrían despertar sentimientos antiestadounidenses, incitación a más violencia o considerarse un método de propaganda.
Pero la censura tampoco actúa de bálsamo para estos males. Muchos no necesitaron ver para creer, festejando con champagne y cerveza en Times Square en Nueva York, lo que motivó amenazas de grupos terroristas, como la misma Al Qaeda, que quiere vengar la muerte y los festejos, con más atentados contra intereses estadounidenses.
Otros son escépticos por naturaleza, incluso si vieran las fotos, igual imaginarían conjeturas y conspiraciones. Como el gobierno iraní, que en su cántico propagandístico, le da igual negar el documentado holocausto judío, como decir que Bin Laden murió mucho antes víctima de su debilitada salud, pese a que los sobrevivientes en la fortaleza de Abbottabad, confirmaron el ataque de los Navy Seals.
No es la primera vez que Obama está marcado por la polémica que desatan las imágenes. Pocos días antes de la operación Gerónimo, en televisión nacional, demostró con partida de nacimiento en mano que no era extranjero. Y a principios de su mandato, evitó a toda costa que la Justicia obligue al Pentágono a divulgar fotografías de carceleros estadounidenses torturando a prisioneros en Irak y Afganistán.
En aquel entonces, ahora, y durante todo el escándalo que produjo la filtración de documentos sobre ambas guerras y de cables de la diplomacia a través de Wikileaks, Obama y los militares argumentaron que la divulgación de materiales pondría en peligro la seguridad de las tropas e incentivaría a Al Qaeda a reclutar más terroristas, lo que nunca sucedió o quedó demostrado.
Si se permite que las autoridades decidan lo que el público debe ver, saber o no, se corre el riesgo de alimentar actitudes paternalistas que irán empeorando, ya que el gobierno tiene tendencia natural a clasificar, censurar y proteger la seguridad nacional, a expensas de la libertad de expresión.
Por eso es saludable que la agencia noticiosa Associated Press haya entablado una demanda para que Obama divulgue las fotografías, amparándose en la Ley de Acceso a la Información. Las imágenes del cadáver y de su sepultura en el mar Arábigo tienen un intrínseco valor noticioso e interés público, dado que se trata de la persona más peligrosa del planeta, perseguida sin éxito durante una década por la mayor potencia mundial.
Al final, la decisión de no divulgar algo morboso por pudor, o hacerlo a cuentagotas como ahora, tiene un efecto contrario y más sensacionalista, si se considera que la imaginación colectiva por lo desconocido, aviva más leyendas, martirios y conjeturas, que lo que podría provocar un par de fotos escandalosas. Así lo alimentan las explicaciones detalladas de los legisladores que esta semana tuvieron acceso a las fotos; los videos divulgados sin audio que muestran a Bin Laden enfocado en mejorar su imagen y dotes propagandísticas; y el contenido de su diario íntimo, que prueba como elucubraba sobre el impacto de futuros atentados en Washington, Los Angeles y Chicago.
La foto más evocativa de la operación del 1 de mayo fue la que ese domingo divulgó la Casa Blanca creyendo que así confirmaría los hechos en forma prudente. En ella se observa a Obama, Hillary Clinton y personal de Seguridad Nacional mirando atónitos imágenes en directo de la operación. Para mí, no se trata de una prueba, sino del equivalente a mirar el festejo de los fanáticos en una tribuna de fútbol, para intuir que a mis espaldas han batido al arquero.
El gobierno de Obama tiene que hacer lo que predica; ser más transparente. Esta disquisición ética a la que se ha auto infligido, excede su capacidad y mandato, y degrada la confianza del público. Su obligación es ser abierto y ajustarse a la verdad. Por más que duela o sea indecente.

jueves, 19 de mayo de 2011

Chávez y la confabulación con Irán


Si se comprobara que las denuncias actuales que realizó el diario alemán Die Welt sobre que el gobierno de Irán estaría confabulado con el de Venezuela para la instalación de misiles balísticos de mediano alcance en suelo venezolano, quedaría confirmado que el presidente Hugo Chávez es uno de los gobernantes más hipócritas de la década.
La farsa de Chávez deviene, especialmente, por ser quien más ha tratado de detener la injerencia militar de EEUU en Colombia, habiéndose convertido en el primer importador de armas de todo Latinoamérica, habiendo cedido su territorio a las FARC y tejido una amplia red de apoyo para esta narcoguerrilla, tanto a nivel económico como logístico, y creado una alianza armónica con el régimen iraní, de la cual ahora se observa que los vuelos directos entre Teherán y Caracas y la fábrica de bicicletas iraní, pudieran formar parte de sospechoso rompecabezas.
Habrá que ver las connotaciones de estos episodios. El gobierno venezolano tendrá que hacer mucho más que desmentir la posibilidad de albergar un secreto arsenal iraní; tendrá que demostrarlo, para no caer víctima de represalias de la comunidad internacional. Mientras que los servicios de inteligencia estadounidense tendrán que arreglárselas para sacar la verdad a la luz, sin caer en los mismos errores cometidos en Irak cuando se condenó a un régimen por poseer armas de destrucción masiva que jamás se encontraron, para no seguir perdiendo autoridad ni credibilidad a nivel mundial.
Más allá de lo que se compruebe o no, lo que también deja esto en evidencia una débil posición del nuevo gobierno colombiano de Juan Manuel Santos, ya que si algún perjudicado existe por las políticas injerencistas de Venezuela es justamente Colombia. Ya que la fortaleza de Venezuela - el armamentismo de Chávez, su relación con las FARC, el supuesto arsenal balístico y la neutralización de tropas estadounidenses en bases militares colombianas – es directamente proporcional a la debilidad de Colombia.
La injerencia hipócrita de Chávez no se agota solamente en su conducta militar, sino también en la del demócrata. Es el mayor promotor ilegal de procesos electorales en la región, que aunque no pasan desapercibidos, los sigue haciendo con total impunidad. De ahí las denuncias que pesan sobre el candidato peruano Ollanta Humala sobre valijas diplomáticas llenas de efectivo para la campaña del 2006, valijas similares sobre las que todavía se investigan para la campaña electoral que llevó a Cristina de Kirchner a la Presidencia, las del 2008 para la campaña del ahora presidente Fernando Lugo y las que engrosaron las arcas de Manuel Zelaya para cuando pretendió una reforma constitucional, las que sí se lograron en Bolivia y Ecuador.
Esto sin contar los dineros perennes a modo de cuotas, subsidios y cheques en blanco que reciben los gobiernos de los hermanos Castro en Cuba, el de Evo Morales en Bolivia y el de Daniel Ortega, los que son usados para todo tipo de campañas extra gubernamentales, como la instalación y compra de medios de comunicación, aparatos de inteligencia, préstamos para compra de armas y desestabilización de la oposición.

Curas y delitos sexuales justificados


Según un estudio realizado con la anuencia de los obispos católicos estadounidenses, todos los males provocados por los delitos sexuales de los sacerdotes no tienen su origen en el celibato, en la calificación de pedófilos o en la homosexualidad de los agresores, sino más bien en la mala formación que los presbíteros tuvieron en sus años de formación en los seminarios en las décadas de 1940 y 1950.

El estudio independiente que dice no tener ningún tipo de influencia por parte de los prelados, parece insuficiente para calmar las ansias de entender un escándalo que sacude a la Iglesia Católica desde hace 10 años, que solo en EEUU llevó a que las diócesis pagaran más de 1.800 millones en indemnizaciones y reparación a las víctimas.

El estudio justifica que el celibato obligatorio no incentiva a los curas a cometer delitos sexuales y se basa también en estadísticas de que son muchos menos los curas pederastas como se pensaba, sino que se trata de delincuentes sexuales comunes, ya que las víctimas, en su mayoría, se da en una población de jóvenes y púberes, no de niños; algo, por supuesto, que no exonera a ningún delincuente por más justificación que le anteceda.

Varias cosas llaman la atención sobre esta investigación realizada por el John Jay College de Justicia Criminal, en forma independiente a pedido de la Conferencia Nacional Episcopal de EEUU: 1) que no se pueden expiar los pecados y justificar los delitos culpando al pasado, una reacción tan pueril como si se culpara la deformación tortuosa de las acciones de los militares de las dictaduras a la mala formación en las academias militares; 2) el estudio no dice nada sobre la conducta de los obispos – que es la que se debería investigar – de por qué tuvieron la tendencia de encubrir los delitos y trasladar a los curas de diócesis en diócesis desparramando los males; 3) el hecho de que se indagara sobre archivos que datan de la década de 1970 revela y confirma que las transgresiones sexuales datan de mucho tiempo y 4) para que el análisis tenga mayor credibilidad debería efectuarse en otros países golpeados por escándalos similares, como el caso de Irlanda, Bélgica y Alemania, para que pudiera tener puntos de comparación y mayor cientificidad.
El estudio - que no debe descartarse debido a su independencia y porque aporta otros elementos valederos para entender ciertas conductas – parece inclinado a justificar acciones indecorosas y delincuenciales, lo que eleva el nivel de enojo de aquellas organizaciones no gubernamentales, como la  Red de Sobrevivientes del Abuso por Sacerdotes, creadas para denunciar estos males y crear conciencia sobre las necesidades de reforma dentro de la Iglesia Católica.

martes, 17 de mayo de 2011

Martinelli y el circo con la prensa


Desde que Ricardo Martinelli asumió la Presidencia de Panamá, la libertad de prensa decayó a niveles inesperados. Su gobierno, y él personalmente, tienen una trayectoria motivada por la intolerancia lo que ha venido afectando a los medios y periodistas que han empezado a percibir y sentir restricciones, acoso y expulsiones. El debate público se degradó.

Martinelli es directamente responsable del clima de confrontación con el periodismo. Lo extraño es que en lugar de respetar lo que la Constitución establece en materia de respeto y garantías que el Estado debe brindar a la libertad de expresión y de prensa, el sábado pasado inició un circo en esta materia. Envió una carta al arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, convocando a un diálogo nacional por la libertad de expresión, evadiendo de esa forma las denuncias sobre amenazas y abusos de autoridad por parte del gobierno en contra de periodistas.

Lo extraño es que algunas asociaciones periodísticas, medios y periodistas vieron este “acercamiento” como algo positivo, sin reparar que es obligación del gobierno respetar y custodiar la libertad de expresión y de prensa, no como un privilegio de la prensa, sino como un derecho humano que pertenece a cada panameño.

El circo de Martinelli, por el que luego invocará regulaciones para los medios o exigirá medidas de autorregulación, es un juego peligroso ya que finalmente pretenderá un pacto de no confrontación, dándole a la prensa un estatus de contendiente político que no tiene.

Martinelli quiere imponer con la prensa los mismos códigos de negociación de la política y el mundo empresario. Aceptando, el periodismo se desnaturaliza.