sábado, 17 de agosto de 2013

Correa y el cínico plan del Yasuní

La tira venezolana de dibujitos animados “Isla Presidencial”, en la que acaba de debutar Nicolás Maduro con su inseparable pajarito en el que se reencarnó el “comandante”, tendrá fino material para que los náufragos se vayan de ahí. Podrán llevar sus desopilantes aventuras al Parque de Yasuní, la reserva de petróleo y reserva mundial de la biósfera en la Amazonía ecuatoriana, a la que ahora Rafael Correa está dispuesto  a explotar porque no consiguió que la comunidad internacional le regalara 2.700 millones de euros o 3.600 millones de dólares para respetar el medioambiente.
La propuesta de Correa aparentaba una genialidad de la inteligencia y el sentido común, pero en realidad se trata de una transferencia de responsabilidad ética a la comunidad internacional que él no quiere asumir. Es decir, pura demagogia y un jugueteo político para encaramarse en la agenda pública internacional, con un dejo de vanidad que seguro que le habrían llevado a pensar que merecería el Premio Nobel de la Paz, como aquel conseguido por el ex presidente estadounidense Al Gore, cuando arrancó el galardón tras un documental de concientización sobre el calentamiento global.
La idea de Correa, no obstante, sonaba buena y pomposa. Por su amor a la humanidad, al planeta Tierra, promovió el Plan del Buen Vivir, no explotar las reservas petroleras del yacimiento del Yasuní, a cambio de un fondo internacional de 3.600 millones de dólares como indemnización previa al Ecuador, para que se pudiera combatir la pobreza y miseria internas a cambio de no ensuciar el aire del planeta con las emanaciones provocadas por la exploración y explotación de crudo.
Correa tuvo un duro golpe. Al cierre de tiempo de su propuesta, solo recogió 13.3 millones de dólares de los 3.600 en cuestión. El fracaso de la gestión no solo se debe a lo demagógico del plan, sino también a la falta de credibilidad de Correa a nivel internacional. Podría decirse  que la diferencia entre lo solicitado y lo recibido es un buen plebiscito de su función y, en especial, de su credibilidad internacional, la cual se fue a la bancarrota cuando hace dos años demandó a periodistas y directivos de El Universo por 40 millones de dólares porque no le habían gustado que lo criticaran.
Ahora Correa se enfrenta a su público interno y a demostrar si realmente tiene esa vocación ética de no explotar el Yasuní por los peligros medioambientales, entre ellos los de mermar la biodiversidad que según estudios alcanza a 100 mil especies de insectos, 121 reptiles, 598 aves, 3.000 especies de plantas y 150 anfibios.  Pero vanidoso, demagógico y desafiante como es, Correa ya está hablando y empezando a hacer campañas de propaganda  para explotar el lugar, pues dice que Ecuador necesita inversiones por arriba de los 70 mil millones de dólares para combatir la pobreza y brindarle igualdad de condiciones a los más vulnerables.
En Ecuador, según sondeos, los ecuatorianos están por arriba del 90% en contra de la exploración, pero seguramente Correa encontrará la forma de culpar a esa gente de no querer asistir a los pobres y ordenará, con su acostumbrado sesgo autoritario, a que empiece la exploración del parque. Ya dijo  este jueves, cuando anunció el fin de la propuesta, que la culpa de su malogrado plan es del mundo, al que calificó de hipócrita. Seguramente, la próxima culpabilidad se la echará a los fascistas, corruptos y asesinos ecuatorianos que no quieren que se explote el Yasuní porque detestan a sus pobres conciudadanos.
Seguramente que la tira cómica de la “Isla Presidencial” tiene mucho material. Así como Correa, se prevé que Cristina Kirchner pida al mundo que le regale 5.000 millones para no criar más ganado y así evitar el peligro medioambiental que representa las emanaciones de dióxido provocado por el estiércol. Lo mismo sucederá con Evo Morales, cuyo fondo servirá para no producir más carne de pollo y así evitar que se propague la homosexualidad por el mundo.

Correa demostró con su demagógico plan que sigue siendo tan cínico como siempre.