jueves, 3 de mayo de 2012

Saludo cargado de preocupaciones

Con motivo de la celebración hoy del Día Mundial de la Libertad de Prensa,instaurado en 1991 por la UNESCO,  el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Milton Coleman, editor senior del The Washington Post, describió un panorama bastante sombrío en todo el continente americano.

Expresa Coleman: “Próximos a celebrar este mes 70 años de existencia de nuestra Sociedad Interamericana de Prensa, aprovecho este 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, para honrar la vida de los 24 periodistas que en los últimos doce meses fueron ultimados en Brasil, Colombia, Guatemala, Haití, Honduras, México, Perú y República Dominicana. Nuestros pensamientos están con sus familiares y colegas, en especial porque en la mayoría de estos casos no se ha administrado justicia.

También nos sentimos solidarios con todos aquellos periodistas tradicionales, periodistas ciudadanos, blogueros y propietarios de medios que fueron agredidos, amenazados o que tuvieron que refugiarse y asilarse en otros países tras ser hostigados y perseguidos por su trabajo.

Nos preocupan los mecanismos directos y sutiles –o no tan sutiles como en el caso de Ecuador–, económicos, legales y judiciales utilizados en varios países de nuestra región contra los medios de comunicación, provocando censura previa y autocensura, lo que no solo perjudica a esos medios, sino que deteriora el derecho del público a recibir información.

En nuestra reciente reunión de Cádiz, España, adonde acudimos para celebrar el bicentenario de la primera Constitución española, dedicamos mucho tiempo a defender el trabajo del sistema interamericano de derechos humanos que está siendo vapuleado por varios gobiernos de la región. Desde ahí, exhortamos a todos los gobiernos miembros de la Organización de Estados Americanos a que defiendan el sistema y, en particular, la autonomía y labor de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, una entidad que desde su creación en 1998, coadyuvó a vigilar y fortalecer la libertad de expresión de los ciudadanos de cada nación de las tres Américas.

También desde Cádiz hemos hecho votos para que los cambios que persigue el gobierno de Cuba, la única dictadura que sobrevive en nuestro continente, incluyan el respeto por la libertad de expresión de sus ciudadanos, se deje de perseguir a periodistas independientes, blogueros y disidentes, y se permita el acceso sin límites al internet.

Mantenemos nuestra profunda preocupación sobre aquellos países, donde existe más discriminación en materia de otorgamiento de publicidad oficial como en Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Venezuela, y promoveremos que estas prácticas irregulares sean combatidas con leyes que establezcan criterios técnicos y equitativos.

En materia legislativa aplaudimos los esfuerzos de gobiernos como los de El Salvador y México  que han despenalizado los delitos de injuria y calumnia; al tiempo que protestamos por los esfuerzos de gobiernos como los de Estados Unidos y Guatemala que buscan imponer mayores restricciones sobre información clasificada.

Lamentamos que no se hayan promulgado leyes de acceso a la información pública en todos los países y que donde existen no se utilicen en forma eficiente. Reconocemos, asimismo, al gobierno de República Dominicana, por impulsar una campaña de educación que incluirá 700 talleres de formación para adiestrar a los ciudadanos sobre cómo usar esta ley a favor de una cultura de transparencia y rendición de cuentas.

Lamentamos también que haya gobiernos que traten de aprobar leyes de prensa, con la intención de limitar la capacidad de los medios de comunicación privados y las denuncias del periodismo investigativo, coartando así, uno de los mayores contrapesos con los que cuenta un sistema democrático.

Denostamos que en muchos países, los Estados expropien, creen o compren medios de comunicación a los que usan como órganos partidarios y no como medios públicos.

Por último, este 3 de mayo, espero que se reflexione tres aspectos en todo el hemisferio: Las consecuencias sociales que se derivan del irrespeto a la libertad de prensa y de expresión; la responsabilidad de los periodistas y medios para defender y promover esas libertades; y la necesidad de los gobiernos – como quedaron comprometidos en la reciente Cumbre de las Américas– para extender el alcance del internet y de banda ancha a los sectores más vulnerables de sus países”.