miércoles, 12 de enero de 2011

Tucson: bajar los decibeles; pero...


Es indudable que más allá de la intención que tuvo Jared Loughner, un joven loco de 22 años autor de la matanza de Tucson – por la que murieron seis personas y la congresista demócrata Gabrielle Giffords se debate entre la vida y la muerte - es necesario que los políticos estadounidenses calmen sus ánimos ya que la retórica encendida siempre termina con efectos indeseados.
Tampoco hay tanta seguridad que este tipo de retórica y estilo de confrontación que siempre existió y se agudiza en épocas electoralistas desemboque en este tipo de masacres, de la cual ahora los demócratas aprovechan para culpar a los integrantes del movimiento más conservador de los republicanos, el Tea Party, que lidera Sarah Palin.
Esta exageración de acusaciones contra el Tea Party pareciera un aprovechamiento para desvirtuar la lucha política que han sufrido los demócratas en las últimas elecciones intermedias donde el presidente Barack Obama perdió terreno.
Si este razonamiento fuera real, y la violencia se midiera según el nivel de los decibeles de la retórica, deberíamos esperar que en muchos países latinoamericanos, como el caso de Venezuela o Argentina o Ecuador o Brasil, las matanzas se debieran dar a diario.
En este país los resabios violentos tienen mucho más que ver en la facilidad para comprar armas de fuego y la tolerancia a ellas, más que a otras consideraciones.