miércoles, 22 de febrero de 2012

Iniciativa mediática contra Correa

Los medios de comunicación internacionales, indignados por la sentencia en contra de sus colegas ecuatorianos de El Universo, en consonancia con una idea que salió de la Asociación Nacional de Periódicos de Colombia (Andiarios) y con el apoyo pleno de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), estarán divulgando en los próximos días, en señal de protesta, la columna de Emilio Palacio publicada en ese diario el 6 de febrero de 2011.

Esa columna de opinión, de sólo 600 palabras, originó que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, interpusiera una demanda por daño moral por 80 millones de dólares para reparar su figura y pena de cárcel de tres años para los directivos y propietarios de El Universo, Carlos, César y Nicolás Pérez, y para Palacio, que en aquella época fungía como director de la página de Opinión. Finalmente, tras un proceso legal viciado, la semana pasada la Corte Nacional de Justicia ratificó el fallo de dos instancias anteriores, condenando a los Pérez, a Palacio y al diario a pagar un total de 40 millones de dólares en indemnización a favor de Correa y a los periodistas a cumplir una sentencia de tres años de cárcel.

Nora Sanín, directora ejecutiva de Andiarios, anunció que los periódicos de su país publicarán este jueves la columna de Palacio, titulada "No a las mentiras", en la que opina que el presidente Correa pidió disparar a discreción contra civiles mientras se encontraba retenido en un hospital durante la asonada policial de setiembre de 2010. Palacio desmiente a Correa de que se trató de un intento de golpe de Estado y recordó que los delitos de lesa humanidad (de lo que se sintió aludido el Presidente) no tienen perdón.

La SIP, bajo decisión del presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información, Gustavo Mohme y del presidente de la institución, Milton Coleman, decidió adherirse a la campaña pero hacerla más extensiva, para todos sus socios en las tres Américas.

Más allá de los diarios que se presten a la campaña tengan diferentes criterios editoriales y hubieran o no publicado este tipo de columnas, lo importante es que se suman a la protesta divulgándola en esta circunstancia, para que la opinión pública pueda juzgar y apreciar por sí misma lo absurdo y desproporcionado de este fallo que crea un precedente nefasto para la libertad de prensa y de expresión en el continente.

A continuación y sumándome a la protesta, publico la opinión de Emilio Palacio, quien se encuentra en Miami en proceso de asilo político.

EL UNIVERSO                                                    domingo 06 de febrero del 2011
Emilio Palacio

NO a las mentiras
Esta semana, por segunda ocasión, la Dictadura informó a través de uno de sus voceros que el Dictador está considerando la posibilidad de perdonar a los criminales que se levantaron el 30 de septiembre, por lo que estudia un indulto.
No sé si la propuesta me incluya (según las cadenas dictatoriales, fui uno de los instigadores del golpe); pero de ser así, lo rechazo.
Comprendo que el Dictador (devoto cristiano, hombre de paz) no pierda oportunidad para perdonar a los criminales. Indultó a las mulas del narcotráfico, se compadeció de los asesinos presos en la Penitenciaría del Litoral, les solicitó a los ciudadanos que se dejen robar para que no haya víctimas, cultivó una gran amistad con los invasores de tierras y los convirtió en legisladores, hasta que lo traicionaron. Pero el Ecuador es un Estado laico donde no se permite usar la fe como fundamento jurídico para eximir a los criminales de que paguen sus deudas. Si cometí algún delito, exijo que me lo prueben; de lo contrario, no espero ningún perdón judicial sino las debidas disculpas.
Lo que ocurre en realidad es que el Dictador por fin comprendió (o sus abogados se lo hicieron comprender) que no tiene cómo demostrar el supuesto crimen del 30 de septiembre, ya que todo fue producto de un guión improvisado, en medio del corre-corre, para ocultar la irresponsabilidad del Dictador de irse a meter en un cuartel sublevado, a abrirse la camisa y gritar que lo maten, como todo un luchador de cachacascán que se esfuerza en su show en una carpa de circo de un pueblito olvidado.
A esta altura, todas las “pruebas” para acusar a los “golpistas” se han deshilvanado:
El Dictador reconoce que la pésima idea de ir al Regimiento Quito e ingresar a la fuerza fue suya. Pero entonces nadie pudo prepararse para asesinarlo ya que nadie lo esperaba.
El Dictador jura que el exdirector del Hospital de la Policía cerró las puertas para impedir su ingreso. Pero entonces tampoco allí hubo ningún complot porque ni siquiera deseaban verle la cara.
Las balas que asesinaron a los policías desaparecieron, pero no en las oficinas de Fidel Araujo sino en un recinto resguardado por fuerzas leales a la Dictadura.
Para mostrar que el 30 de septiembre no usaba un chaleco blindado, Araujo se colocó uno delante de sus jueces y luego se puso la misma camiseta que llevaba ese día. Sus acusadores tuvieron que sonrojarse ante la palpable demostración de que los chalecos blindados simplemente no se pueden ocultar.
Podría seguir pero el espacio no me lo permite. Sin embargo, ya que el Dictador entendió que debe retroceder con su cuento de fantasmas, le ofrezco una salida: no es el indulto lo que debe tramitar sino la amnistía en la Asamblea Nacional.
La amnistía no es perdón, es olvido jurídico. Implicaría, si se la resuelve, que la sociedad llegó a la conclusión de que el 30 de septiembre se cometieron demasiadas estupideces, de parte y parte, y que sería injusto condenar a unos y premiar a otros.
¿Por qué el Dictador sí pudo proponer la amnistía para los “pelucones” Gustavo Noboa y Alberto Dahik, pero en cambio quiere indultar a los “cholos” policías?
El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.
Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben.”