miércoles, 1 de diciembre de 2010

Wikileaks y la responsabilidad de EEUU


Las primicias siguen apareciendo, los gobiernos enardeciendo y la gente sonriendo. Por más que se discuta si está bien que Wikileaks haya publicado información clasificada o secreta que fue obtenida mediante robo, lo importante es que la gente sigue consumiendo y enterándose de cosas que de otra forma no hubieran quedado jamás en la superficie.
El hecho de que la palabra secreto o clasificado anteceda a toda información, pareciera que le diera a cada chisme la veracidad y rigurosidad de una información contundente, cuando en realidad, mucho de lo que se dice en los cables tiene que ver más con opiniones de funcionarios diplomáticos, chismes obtenidos de lo que dicen y rumorean los medios y en las fiestas sociales y en las tertulias de café, que en verdades rigurosamente obtenidas y contrastadas.
Si en realidad quisiéramos estar frente a secretos importantes y perturbadores que podrían desnivelar el balance en el mundo, deberíamos remitirnos a los que mantiene y ejecuta la CIA y todas las demás organizaciones de inteligencia, así sea el Mosad israelí, el M16 británico, el DAS colombiano o la SIDE argentina. Las filtraciones actuales son importantes igualmente no tanto por su contenido, sino porque demuestran cómo actúan los equipos diplomáticos de un país, como manejan las percepciones, prejuicios e imágenes de su contraparte, lo que terminan siendo en muchos casos solo opiniones subjetivas.
Varias cosas que se sacarán en limpio de toda esta maraña de información en las próximas semanas. No pareciera que el mundo va a la deriva, aunque EEUU está perdiendo cada vez más credibilidad. Esta cuarta etapa de filtraciones masivas es tal vez la más contundente, ya que mina la credibilidad del actual gobierno, dejando de lado las culpas que siempre se le cargaron a George Bush. Esta desconfianza en EEUU y entre todos los diplomáticos tendrá un efecto importante en las relaciones diplomáticas y de comunicación entre todas las naciones; creo que, así como el derribo de las Torres Gemelas trajo aparejado la molestia de la seguridad y de la revisión de los viajeros en los aeropuertos, las filtraciones de información de Wikileaks generarán medidas de prevención que coartarán las comunicaciones internacionales. Los gobiernos asumirán con mayor naturalidad recortes a la libertad de expresión, bajo la excusa de que les resultará más fácil convencer al público de que las regulaciones deben ser adoptadas para evitar problemas a la seguridad nacional.
Seguramente el gobierno estadounidense esté tentado a perseguir a Wikileaks y su dueño el australiano Julian Assange – ahora prófugo de la justicia internacional por delitos sexuales cometidos en Suecia – y ya se está estudiando si puede ser procesado por la Ley en contra del Espionaje estadounidense. Los abogados y la nueva fuerza de tarea creada por el presidente Barack Obama para evitar nuevas filtraciones, seguramente encontrarán la forma de neutralizar a Assange.
Este es justamente el peligro. Imponer cortapisas a Assange, podría servir de excusa a muchos países opresores y autoritarios del mundo a justificarse en el ejemplo de EEUU para impulsar leyes y regulaciones que les permitan violar la libertad de prensa y de expresión legalmente.
EEUU tiene ahora la responsabilidad, más que antes, de actuar de la forma más apropiada para que cualquiera acción en contra de las filtraciones no se transforme en un boomerang en contra de la libertad de prensa en el mundo.