jueves, 2 de diciembre de 2010

Arte y tecnología


El mar y las playas de Miami quedarán reducidos a telón de fondo esta próxima semana. Toda la atención se concentrará alrededor de las mega-ferias de arte, Art Basel y Art Miami, y de un enjambre de exhibiciones satélites en museos, galerías y espacios públicos.

Estas exposiciones, con las que cierra el mercado del arte contemporáneo el 2010, atraerán a miles de coleccionistas, curadores, críticos y curiosos ocasionales; pero, más importante, permitirán observar la evolución del vanguardismo. En especial el desafío que presenta para los artistas y la industria del arte, la aplicación y acople de las nuevas tecnologías, en constante cambio.

Es que los materiales empleados en el arte contemporáneo son más efímeros o se hallan en continua mutación, a diferencia de los métodos que reconocemos tradicionales, más estables y perecederos, como óleo, bronce o mármol. No es lo mismo la vida de una pintura al óleo que una imagen digital, por ello los museos y coleccionistas, además de considerar el concepto del artista y la estética de la obra, también deben velar sobre cómo conservarla y mantener su originalidad.

El reto es que las tecnologías quedan obsoletas en poco tiempo, lo que es un dolor de cabeza para el arte visual como las obras concebidas en 8mm que debieron saltar a CD, DVD y ahora HD digital, considerando además que fenecieron sus utensilios y proyectores, y el público también sofisticó sus formas de observar.

Las obras clásicas no están exentas al deterioro ni a los accidentes como La Piedad de Miguel Angel atacada a martillazos por un tarado, o el agujero en una tela de Picasso causado por una visitante distraída al Museo Metropolitano de Nueva York. Pero los restauradores tienen mayor trabajo con los nuevos medios usados en el arte actual, como plexiglás, plástico, resinas, emulsiones y cintas magnéticas más sensibles al tiempo y a la luz, así como con software, chips y computadoras del arte virtual, cuya vida es muy limitada.

Las nuevas tecnologías crean dificultades a los museos y coleccionistas, pero más a las compañías de seguros. Deben cobrar primas por el valor intangible de una creación que se deteriora o desvanece en poco tiempo. ¿Cómo asegurar una obra de costo millonario compuesta por luz de neón cuando un foco tiene una vida útil de 2.000 horas y el artista no permite repararla? Quienes se dedican a este rubro, como la francesa AXA Art, saben que el reto es asegurar obras que se dañan y que calculan sólo sobrevivirá el 5 por ciento dentro de 100 años.

Pero independientemente de las nuevas tecnologías y de los métodos del artista, el mayor reto es para el público general. Cómo entender y distinguir lo que es arte, cuando lo contemporáneo busca transgredir sin mantener cánones tradicionales de estética. Es como si necesitara mayor información para comprender el mensaje, ya que algunas instalaciones y obras tienen más de entretenimiento efímero que de arte. Esta semana habrá que hacer mucho esfuerzo para comprender obras en Miami Beach, como la del colombiano Francois Bucher, que colocará libros dentro de las mesitas de luz de varios hoteles, mientras el mexicano Jorge Méndez Blake hará flotar en un recipiente con agua, una maqueta de una biblioteca hecha de plexiglás.

Es cierto que las tecnologías potenciaron las excentricidades, pero también el internet iluminó siglos de oscurantismo, como cuando los pintores y escultores ignoraban lo que hacían sus colegas o las tendencias que se tejían en sociedades aisladas.

El ciberespacio también ha contribuido a la expansión y recuperación económica de los mercados, como demostrarán las ferias de Miami. Los coleccionistas y compradores ocasionales cada vez acceden más a stands en ferias y galerías virtuales; compran on-line en remates; comparan precios, épocas y artistas en bancos de datos; ven catálogos en la aplicación de iPhone de la casa de subastas Christie’s u organizan foros sobre arte por Skype, permitiendo que el sistema de compra-venta sea más transparente.

Pero lo más importante, es que las nuevas tecnologías se han transformado en un aliado. Más allá de los desafíos para la industria, han servido para masificar y popularizar el arte, creando un público más educado e interesado.