sábado, 15 de febrero de 2020


La prensa, Ingrid y la exageración
Por Ricardo Trotti (foto tomada del diario El País, Héctor Guerrero)

Con justo argumento y reclamo las mujeres mexicanas marcharon esta semana en protesta en contra del diario La Prensa por unas fotos revulsivas que publicó de Ingrid Escamilla, una víctima más de los feminicidios que afectan al país y a toda la región.

No es la primera vez que los ciudadanos protestan contra los medios sensacionalistas. No reclaman por mentiras o por noticias falsas, cuestiones que también son inherentes al periodismo amarillo, sino porque exageran hechos escabrosos para llamar la atención y vender más.

La exageración de los hechos, de la verdad o el sensacionalismo siempre fueron parte de la vida cotidiana, solo basta mirar los espectáculos de lucha libre que atrapan a miles con los golpes exagerados y teatrales de los luchadores. Todas las formas de entretenimiento tienen en su esencia la exageración, modos orquestados para atrapar la atención de los sentidos.

El periodismo sensacionalista hace lo mismo. A un rayo de luz en la oscuridad lo transforma en un ovni y en una invasión apocalíptica o a una celebridad le descubre ancestros en el nazismo o glorifica que una comunidad haya linchado al violador que la justicia nunca condenó.

El problema es cuando el sensacionalismo se adentra en hechos policiacos o la crónica roja. Como en el caso de Ingrid, tarde o temprano, cruza la línea delgada que divide la verdad con la exacerbación del morbo, del delito, del discurso, acciones todas que deshumanizan y restan dignidad a las víctimas.

¿Por qué esta protesta ahora y no antes? Porque siempre se llega a un punto de inflexión, una gota que rebalsa. Las razones de las mujeres ante La Prensa son pertinentes y el reclamo justo. Otros medios mexicanos, como hace poco decidieron varios periódicos de la cadena El Sol en el interior del país, adoptaron el criterio de no publicar hechos de esta naturaleza, con la intención de no seguir amplificando a los violentos y construir un periodismo para la paz.

Cada medio tiene sus criterios y todos son respetables. Más allá de la marcha justa de las mujeres ante La Prensa no creo que haya que desacreditar de cuajo el valor que tiene la exageración como para pedir la desaparición del medio o condenarlo en la hoguera pública. Tampoco hay que ser exagerados desde la vereda de enfrente.

Estos medios o los medios serios que también publican notas escabrosas de crónica roja juegan un papel social importante. Crean conversación, llaman la atención de las autoridades, generan cambios e incluso sirven para fomentar comunidades nuevas, como el grupo de mujeres en protesta.

El periodismo sensacionalista no es malo en sí mismo, pero sí la intención que hay detrás de la exageración. Si es para entretener vaya y pase. Si se justifica en los cambios sociales que pretende generar, bienvenido sea. Sin embargo, si es por puro morbo, para vender más y en su intención deshumaniza a las víctimas, es condenable.

Que sirva esta condena de las mujeres para que La Prensa, el periodismo y los medios en general sean más responsables por lo que publican y amplifican. Pero que esto no quite el miedo a liderar, ya que muchas veces los medios deben exagerar los hechos para que estos llamen la atención y generen cambios sociales y políticos.   

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