domingo, 24 de noviembre de 2013

Hacer visible lo invisible sobre los niños

Los mejores recuerdos son los que uno atesora de su infancia: Risas, protección, juegos, amigos. Sin embargo, no todo el mundo tiene el privilegio de haber vivido cosas buenas.

A muchos los atormentan memorias sobre acoso sexual, violencia familiar, trabajo precoz, hambre, analfabetismo; algunos, porque fueron reclutados por las guerrillas y el narcomenudeo; y otras, porque fueron madres cuando todavía tenían edad de ser hijas.

Por eso no hubo mucho que festejar el jueves cuando se celebró el Día Internacional de la Infancia en conmemoración de la Declaración de los Derechos del Niño.. Sirvió, más bien, para tomar conciencia sobre lo poco que la sociedad hace por la niñez.

Son varios los pecados contra los niños. Uno muy extendido es el de la explotación laboral, como en Brasil y República Dominicana, donde el fenómeno tiene ribetes de esclavitud. Mientras que en Colombia, el factible proceso de paz con las FARC, recuerda cómo estas narco guerrillas se aprovecharon por décadas de la pobreza para reclutar, adoctrinar y convertir a niños en soldados.

El crimen más atroz, quizás, es el de la explotación sexual de los chicos, desde las calles de La Habana a manos de turistas sexuales provenientes principalmente de la Unión Europea y de EE.UU. hasta en el internet profundo, donde bandas de pederastas y abusadores, compuestas hasta por curas y pastores, médicos y enfermeras, obreros y terapeutas, se dedican al tráfico de pornografía y venta de favores sexuales infantiles.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, recuerda también que hay crímenes dobles, como las violaciones que terminan en embarazos precoces. Se estima que la mayoría de los 3.771 partos de niñas entre 10 y 14 años en 2012 en Guatemala, están vinculados a violaciones. Niñas que de golpe afrontan la vida como adultos, abandonando la escuela y siendo forzadas a entrar a un mercado laboral casi como esclavas.

Es innegable que también hubo avances en muchos terrenos. Desde la drástica disminución de la mortalidad infantil en Brasil, a leyes más severas contra el ciberacoso y el bullying en Argentina o las medidas adoptadas esta semana por Google y Microsoft, al introducir nuevos algoritmos en sus motores de búsqueda que permitirán bloquear hasta 100 mil términos comúnmente usados por pederastas y acosadores.

La impunidad de estos delitos puede seguir achacándosele a la falta de responsabilidad de los gobiernos. Sin embargo, el de crear las condiciones necesarias para que haya una niñez más saludable y activa tiene que ver con una responsabilidad de todos.

Es que no todos los maltratos contra la niñez acontecen por delitos y crímenes, sino también por descuido y falta de educación, lo que ayuda a crear malos hábitos con graves secuelas para el futuro. El más extendido es el vicio social del sedentarismo y su consecuencia natural, la obesidad, que está afectando más a los niños que a los adultos, sin distinción de países.

En ese complot de videojuegos, TV, computadora y comida chatarra, no es realmente el Estado el responsable, sino los padres y la escuela que han relegado al lugar más cómodo al ejercicio y la educación física. No hacían falta las evidencias para demostrar esa irresponsabilidad. Esta semana la Asociación Estadounidense del Corazón denunció que la condición física de los niños está disminuyendo en el mundo entero.

El estudio - realizado entre 25 millones de niños de 28 países - establece que “no corren tan rápido ni tan lejos como sus padres”. Ahora tardan 90 segundos más de que lo que les costaba a sus padres correr kilómetro y medio hace 30 años. Entre niños de nueve a jóvenes de 17 años, la condición cardiovascular ha disminuido 5% por década, desde 1975.

Pero más allá del trabajo de los adultos por mejorar la educación física de los niños, y la del Estado por crear medidas para protegerlos ante el crimen organizado, la UNICEF reclama la responsabilidad de la denuncia. Pide a todos, autoridades y ciudadanos, ni aceptar ni quedarse en silencio ante el abuso, la explotación y la violencia infantil.

La fuerza de la denuncia, “hacer visible lo invisible”, es quizás la contribución más factible y eficiente que tiene el ciudadano común para revertir la tendencia creciente de injusticias en contra los niños, que hipotecan el futuro.