martes, 16 de agosto de 2011

Brasil contra la corrupción


En una reciente columna que titulé “Brasil: ¿potencia o líder?” explicaba que el impacto del gran país suramericano en el mundo recién vendría cuando pudiera limpiar la casa de la corrupción que lo sacude, hacer respetar los derechos humanos y acortar la brecha de la desigualdad, no solo mostrando buenos datos económicos que lo ubican como una potencia emergente.
La presidenta Dilma Rousseff está dando sucesivos pasos en la dirección correcta, tratando de que su país sea más honesto, menos corrupto y más líder. Seguramente encontrará muchísimos tropiezos en el camino, pero por el momento va muy bien, y aprovechando que al inicio de su Presidencia hay cosas que no las podría hacer luego. Ahora, lo interesante, es que todos los políticos – incluso aquellos que crearon chanchullos durante los años de Lula da Silva - la respaldan, no les queda otra, y eso tiene que aprovechar.
La semana pasada fue arrestado el viceministro de Turismo, Frederico Silva da Costa, y otros 35 funcionarios del ministerio por desvío de recursos públicos. También hubo arrestos y renuncias por corrupción en las carteras de Agricultura y Transportes, de la que tuvo que abandonar el ministro Alfredo Nascimento. Y antes, tuvo que dejar su cargo, el protegido de siempre de Lula y ex ministro de la Presidencia de Rousseff, Antonio Palocci.
Esta lucha contra la corrupción es una buena noticia no solo para los brasileños, sino para todos los latinoamericanos. Si Brasil es líder en este terreno, seguro que otros países lo seguirán.