domingo, 15 de mayo de 2011

Ortega, Correa y la libertad de prensa


Por suerte El Nuevo Diario de Nicaragua anunció este domingo en su primera plana que fue capitalizado con fondos de la familia Ortiz Mayorga. Hubo peligro, durante toda la semana, que terminara en manos de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, a través del grupo Alabanisa, desde donde la familia presidencial recibe y maneja fondos que les provee el gobierno de Venezuela y con los que antes compró Canal 8.

Los rumores de que el gobierno se quedaría con parte del diario fueron muy fuertes. Y las conversaciones existieron. Si hubiera ocurrido, habría sido una perversa maniobra del gobierno, ya que en los últimos años vino acorralando al diario con investigaciones fiscales, discriminándolo con la pauta oficial, y últimamente cerrando la aduana para que no pudiera obtener los insumos necesarios para producir el periódico.

Se trató de una censura indirecta y sutil. Asfixia económica.

El mismo tipo de asfixia o de método de censura es el que utiliza el presidente Rafael Correa de Ecuador. Bajo la excusa de que los medios mienten, son corruptos, basura o mercenarios, ha justificado todo tipo de acciones, entre ellas la consulta popular que tiene la intención de encontrar una habilitación para censurar los contenidos de los medios y una serie de demandas abusivas y desproporcionadas contra periodistas y diarios, que llegan a más de 100 millones de dólares combinadas.

También, cual se tratara de una cheerleader de equipo de fútbol, en estos días se mostró satisfecho y contento de que una fiscal haya entablado una demanda contra El Diario y otros medios del grupo. Pide una indemnización de un millón y medio de dólares.

Es obvio, que lo que se busca con esta medida es tener una espada de Damocles sobre los medios. Primero para que estos se autocensuren y luego, así no haya sentencia o se ejecute, se tiene la demanda como una amenaza permanente para alinear al medio. Y en Ecuador esa estrategia ya le ha valido a Correa que muchos medios silencien sus voces, o al menos que la apacigüen.