sábado, 20 de noviembre de 2010

Vaticano: mejor tarde que nunca

El Vaticano lanzó una guía para contrarrestar la pederastia y los demás delitos sexuales – aunque algunos crean que se trata de pecados - cometidos por sacerdotes y curas que se han refugiado por décadas dentro de la Iglesia Católica para atropellar con sus desviaciones a menores, mujeres y hombres.

La guía - emanada de la Congregación para la Doctrina de la Fe que tiene como principal función denunciar a los religiosos delincuentes ante las autoridades civiles para que sean sometidos ante la justicia y recaiga sobre ellos todo el peso de la ley – hubiera tenido que aparecer décadas antes, para que de esa forma la incredulidad no haya hecho estragos entre los feligreses, muchos de los cuales dejaron de asistir a las parroquias o simplemente se alejaron de la Iglesia.

Estuve en San Francisco, Córdoba, mi ciudad natal esta semana, y en una misa a la que asistí con los integrantes de la escuela secundaria con los que me gradué, un cura amigo de la infancia – Daniel Cavallo – anunció que mañana domingo se ordenarán cuatro jóvenes diáconos en su carrera hacia el sacerdocio.

Pensé en ellos y le dije a uno de mis amigos, que ojalá la instrucción de los nuevos sacerdotes esté acompañada por una gran dosis de formación ciudadana y cuán mejor sería para todos que el celibato y la prohibición de la ordenación de las mujeres fueran desterrados de la Iglesia, para que de esa forma esas cuatro vocaciones se multiplicaran.

Entiendo que no se debe mezclar la conducta de los sacerdotes delincuentes con el tema de las vocaciones ni con las enseñanzas de la Iglesia, pero no puedo dejar de pensar que una reforma profunda, más que una guía en contra de los abusos sexuales, sería la mejor forma para sanar a la Iglesia de personas que Jesucristo no hubiera dudado en echar a patadas del templo.

Con esta guía, el Papa lucha en contra de casos masivos de clérigos abusivos que se denunciaron en numerosos países, como Irlanda, EEUU, Alemania, Bélgica, Holanda, Austria, Inglaterra e Italia, y de menos numerosos que se dieron en todos los países.

La “tolerancia cero” declamada por el Papa es una buena medida, muy tardía por cierto, pero ojalá empiece a restaurar la credibilidad de una Iglesia que por los siglos de los siglos estuvo menguada por la conducta de sus propios pastores.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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