jueves, 11 de noviembre de 2010

Esperanza y cambio

“Esperanza” y “Cambio” fueron los lemas de campaña más populares de la historia electoral de los EEUU, enarbolados por el ex candidato Barack Obama. Aquel vigoroso mensaje de fe y transformación cambió el mapa político de entonces y catapultó al actual Presidente al estrellato. Fue consentido por las minorías desdeñadas del país y la simpatía de poblaciones enteras en otras naciones, independientemente de si fueran aliadas o enemigas.
Obama representó la expectativa de modificar las políticas domésticas, y en especial las externas amasadas por George Bush. Al comienzo de su presidencia gozó de la euforia de grupos poco tenidos en cuenta, los jóvenes, los hispanos, los negros, los pobres y las mujeres, además de poblaciones y gobernantes de puntos tan lejanos en lo ideológico y geográfico como Cuba, Irán y Japón o desconocidos como Turkmenistán.
Dos años después, tras las elecciones del martes, el mensaje del electorado fue contundente. El tiempo y las promesas incumplidas desvanecieron la esperanza y ahora se pretenden cambios reales - no solo retóricos - en la dirección del gobierno. Y aunque no se trató de elecciones presidenciales, fueron un referendo sobre el mandato de Obama. De ahí que a pocas horas de la derrota del martes, aceptó la desgracia de su partido Demócrata como suya, en un mensaje de constricción por Twitter: “Lo que los estadounidenses esperan – y lo que le debemos – es enfocarnos en los asuntos que los afectan: sus trabajos, su seguridad y su futuro”.
Las deudas acumuladas de Obama fueron muchas a lo largo de sus dos primeros años. Ninguna tan importante como la falta de creación de empleos y la inseguridad económica que dieron vuelta el electorado a favor de los Republicanos, quedándose con el liderazgo de la Cámara de Diputados y varias gobernaciones, consejos y alcaldías, bastiones históricos de los Demócratas, así como con la simpatía de minorías que antes ellos también ignoraban.
Cuando en política lo económico está acompañado de calificativos como recesión o depresión, y el desempleo se mantiene estable alrededor en un 10%, a pesar de los multimillonarios paquetes de estímulo, pasan desapercibidos otros logros que pudieran tener impacto a futuro, como la reforma del sistema de salud, las cambios legales que maniataron la codicia y la corrupción en Wall Street, el retiro paulatino de las tropas de Irak o el mantener alejados a los terroristas del territorio nacional.
Lo de Obama era esperado y lo presentía. De ahí que su propaganda electoral no apelaba tanto a los logros de su administración como al llamado de las minorías para que le den su voto tradicionalmente demócrata de auxilio. Pero el problema es que son las minorías los que tienen los porcentajes más altos de desempleo, los que han perdido sus viviendas dentro de una burbuja inmobiliaria que todavía no terminó de estallar, los que vieron aumentar sus impuestos por causas que nadie sabe explicar y quienes ven esfumarse sus sueños de una jubilación segura, con un sistema público de pensiones a la deriva y otro privado que sigue deglutiendo intereses y capital.
En esta elección los temas del bolsillo y la billetera fueron, como casi siempre, los que importaron al general de la población y voltearon el mapa político. Los otros, aunque también importantes, entran dentro de la esfera zizagueante de la política y la agenda pública en boga, así sea la legalización de la marihuana, la inmigración ilegal, la pérdida de mercados en el extranjero o si las tropas y los cadáveres regresan de Irak o se mudan para Afganistán.
Es verdad que estas elecciones fueron un referendo para Obama, pero sería un error que los Republicanos pierdan la perspectiva y se sientan tan exultantes como para olvidar que sus políticas de ocho años hegemónicos en la Casa Blanca, fueron las causas de muchas de las consecuencias actuales.
Los Republicanos, y sus neo conservadores del Partido del Té, ojala adviertan que la elección del martes no fue un voto castigo solo contra el Presidente, sino en contra de políticas erradas de cualquier tendencia. El martes la población exigió cambios y responsabilidad a todos, no solo a los Demócratas, como única forma para recuperar la esperanza.