jueves, 6 de mayo de 2010

Todos perdemos

Este 3 de mayo se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, pero en América Latina no hay mucho que celebrar. Los papeles están trastocados. Los medios de comunicación y los periodistas, cuyo rol social es investigar, denunciar irregularidades y servir de contrapoder, están sentados en el banquillo de los acusados.
Sus fiscales son presidentes, como Cristina de Kirchner, Rafael Correa, Daniel Ortega y Hugo Chávez, que distraen la atención con tal de impermeabilizar a sus administraciones de cualquier cargo de corrupción o autoritarismo.
El embuste gubernamental confunde. Muchos creen que la prensa esconde intenciones golpistas, de oposición política y oscuros intereses económicos. Aunque así fuese, olvidan que es el gobierno, por mandato constitucional, el que tiene la obligación de proteger y garantizar la libertad de prensa. Si no la respeta o, aún peor, deliberadamente la cercena, incurre en un grave delito contra la democracia y sus ciudadanos.
Esto ocurre en Argentina. El gobierno de Cristina y Néstor informa poco, se defiende más y confronta mucho. Ataca, agrede y desprestigia. Sus métodos son variados y en estas semanas los puso en práctica. Incentivó, auspició o justificó ataques contra prestigiosos periodistas y medios, a los que endilgó haber guardado silencio durante las dictaduras militares.
La campaña de descrédito está dirigida a periodistas que mayor opinión pública generan, como los comentaristas Magdalena Ruiz Guiñazú y Joaquín Morales Sola, o que investigan acuciosamente al poder como Daniel Santoro o que ya fueron echados de los medios a instancia del gobierno como Pepe Eliaschev y Nelson Castro.
Sobre algunos de ellos se pegaron carteles anónimos en las calles de Buenos Aires. A otros, junto a varios periódicos como Clarín, La Nación y Perfil se les sentenció en un patíbulo simbólico organizado por las Madres de Plaza de Mayo, en el que su polémica presidenta, Hebe de Bonafini, repartió insultos y condenó a todos por complicidad con las botas y charreteras, y por traición a la patria.
El llamado “juicio ético” fue injusto para los difamados por tratarse de un acto político, aunque la “obediencia debida” de Bonafini hacia el gobierno desmerita su credibilidad. Pero los carteles anónimos sí son peligrosos. No solo porque el anonimato es el arma de peor calaña y el gobierno ni siquiera investiga el delito o le resta importancia, sino porque sin responsables, la víctima sufre un daño irreparable; no tiene a quien pedir desagravio ni demandar para resarcir su reputación y honor.
El ruido generado e incentivado por el gobierno de Kirchner no es nuevo, es su marca registrada. Las campañas de desprestigio contra jueces, periodistas y oposición se utilizan para neutralizar denuncias de escándalos sobre enriquecimiento ilícito, sobornos, negociados, valijas con efectivo y otros hechos que rozan a la pareja presidencial y que servirían para escribir varios tomos de aquel “Robo para la Corona”, libro que inmortalizó al ministro José Luis Manzano y la corrupta época de Carlos Menem.
En el juego de control y equilibrio, no es solo el gobierno el que debería cuidar la constitucionalidad de la libertad de prensa. La oposición política tiene la responsabilidad de blindarla más allá de pedir respeto, ayudando a crear un marco legal apropiado. En Argentina se gastó veinte veces más energías en una ley revanchista contra los medios, que en favorecer a los ciudadanos con un mecanismo que obligue al gobierno a ser transparente y que permita el acceso a la información pública. La deuda legislativa es inmensa.
La prensa tiene la responsabilidad de cumplir su papel y no desvirtuarse en agente político. De lo contrario, corre el riesgo de ser efímera, como ocurrió con el famoso diario Página 12, que jugó un papel extraordinario y de servicio democrático durante la dictadura militar y en la época de Menem, pero se hizo irrelevante en este período por sus simpatías con la ideología kirchnerista. En realidad, la prensa debe ser siempre opositora.
Las organizaciones civiles tampoco pueden dejarse arrastrar por el ruido. Su tarea es fomentar la tolerancia y educar sobre la libertad de prensa. Porque cuando se irrespeta el derecho a difundir y consumir información plural y diversa, no sólo se afecta a medios y periodistas, sino que todos perdemos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Los K son seguidores de los fascistas Peron y su comparsa, cuando insituyeron los famosos inspectores de manzana, una especie de vigilancia barrio por barrio como la que practica la policia politica, neonazi castroestalinista,leyes mordaza en Ecuador, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, donde quiera que el comunismo abominable plante sus botas, enseguidita despescuezan a la libertd en todas sus manifestaciones, sin embargo esos gobernantes tienen tan poca verguenza, que ellos acceden al poder, gracias a la tolerancia y a la absoluta libertd de opinion, prensa, radio y tv, cuando aspiraban a asaltar el gno , para enseguidita demoler el edificio de la democracia e implantar ese comunismo tropical, que el ex tte coronel golpista hugo chavez, paga con el robo descarado del erario publico de su pueblo ,?Quien no sabe que compro como a tamales a los K con sus petromaletines que el mula Antonini les acarreaba en aviones de Pvdsa, la empresa de chavez?, y asi si compro al lemculos de narco correa, al violador de managua, al indio narcotraficante evo morales y ya casi tenia en el guacal a Honduras, pero nos pusimos coyotes y no pudo , a traves del lambiscon n arcotraficante zelaya, ocupar la nacion con su terrorismo y compra de voluntades. Esa gentuza no tiene moral para juzgar a Honduras. Y para rematar son patrocinadores y sustentan politicamente a las narcoguerrillas secuestradoras de Colombia, por eso ya algunos llaman a nuestra region como Letrino America.

Anónimo dijo...

y encima el loco K estara con el unasur. que desastre que tenemos en el pais y encima lo premian para que haga desastre junto a los locos de hugo, evo y rafal, asi vamos!!!

Ricardo Trotti dijo...

nn